Marañón.
4 mayo 2023.
Murcia, jueves, las ocho. Sin novedad en la mansión.
3 mayo 2023
Murcia, miércoles, las 11:40.
He leído otra vez la vida de Marañón. Me entusiasman estos hombres ilustres. De tantas cualidades positivas, yo destacaría su tremenda humildad. Hombre cultísimo, académico, médico, historiador y sencillo, no es muy frecuente encontrar.
Me lo imagino paseando, desapercibido entre la gente, ocultando su talento con humildad franciscana.
He visto fotos suyas con Machado, con Ortega, con Azorín, con Fléming, lo que quiere decir que alternó con lo más ilustre de su tiempo en España, que el oro, por mucho que se oculte, resplandece. Marañón, muerto en 1960, dejó para siempre un ejemplo a seguir.
¿Qué tienen estos hombres que no tienen los demás? ¿Hay muchos Marañones por el mundo? Pienso que don Gregorio nació con unas potencialidades que desarrolló al máximo,
Todos no poseen esas potencialidades congénitas, y, por tanto, nunca llegarían a igualarle por mucho que se lo propusieran; otros, los más, no aciertan a maximizar esas posibilidades. Un Marañón es un cúmulo de aciertos en el desarrollo de un “superclase”.
Un día viajaba por el extranjero con su esposa -doña Lola-, y al dirigirse a ellos una eminencia de la medicina, que era objeto de homenajes y reconocimientos oficiales, le dijo a don Gregorio en un aparte:
“He leído unos artículos de su padre, que me han interesado muchísimo; dígale que él se merece más que yo estos aplausos y felicitaciones; transmítale mi admiración y un abrazo de su compañero”.
Don Gregorio no sabía cómo decirle que era él el autor de tales artículos; se turbó y, entrecortado, se lo dijo como pudo. Tenía entonces 23 años, y manifestó su mujer que en aquel momento se dio cuenta de con quién se había casado.
Visitaba a los enfermos y los trataba con tal cariño y entusiasmo que “era una suerte estar enfermo por estar con él” -decían. El dinero no llegó a preocuparle jamás; a muchos pagaba de su bolsillo los gastos de su curación. Gran maestro, gran psicólogo, gran hombre nuestro compatriota.
El médico debe ser, ante todo, humano. Ser médico es amar al prójimo, sufrir con los enfermos la enfermedad. Ser médico es ser amigo en el momento que más se necesita.
El profesional de la medicina que reconoce al paciente por teléfono descuida la faceta más humana y más importante del médico. Su presencia es tan necesaria como las mismas medicinas que prescribe.
DE CAZA
Cerca de mi casa, en Santana -Jumilla-, hay una loma que tiene caracoles en abundancia cuando llueve.
La caza del caracol, si es que se puede llamar así, es atractiva. Hay personas que los busca con ahínco, Yo tengo mi particular filosofía: “El que haya de ser para mí, me está esperando”.
Mi búsqueda es un tanto despreocupada. Ahora bien, cuando encuentro uno, me alegro. Me acerco a él y lo recojo con cierta morosidad: Si no lo hiciera, para mí sería como dejar un herido abandonado.
Qué alegría ver a dos caracoles juntos: “Hola, parejita, ¿me estabais esperando?”, y parecen sonreír.
CAZA DE PALABRAS
Es divertido también. En Jumilla hay palabras que no se encuentran en otra parte, ni siquiera en los diccionarios más exigentes.
Son palabras que pasan las barreras de las generaciones como guijarros que arrastran la corriente: ereza, orico o murria, son términos que no se conocen fuera.
A esta casa me refiero. Será atractivo coleccionar estampas, minerales o sellos. Para mí es buscar estas palabras. Encontrar un ejemplar nuevo es estupendo.
Saltan en una conversación, y yo las atrapo: repisco, sorrato, miaja, crillas… Es variadísimo como divertido capturarlas: sandio, reser, soñarrita…
El abuelo Paco.
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