Máquina del futuro.
29 abril 2023
Murcia, sábado, 8:35, o, si lo prefieres, las nueve menos 25 minutos, que no vamos a discutir por eso. En casa, todos levantados, desayunados y esperando, como siempre, saber qué guarda el nuevo día. Como en mi Cuento de ayer, mejor no saberlo: divina ignorancia.
28 abril 2023
Murcia, sábado, 11:25, con el piano.
MÁQUINAS DEL TIEMPO
Te hablé una vez de una Máquina del Tiempo que compré en Japón
para volver hacia atrás y ver los inicios de un cuadro, de una estatua, de una mesa o de un libro.
La llevé al taller de mi amigo Muñoz Barberán y vimos a Ginés Pérez de Hita escribiendo el Quijote apócrifo de Cervantes. ¿No es un Diario como esa Máquina del Tiempo donde puede ver lo que sucedió un día del pasado?
Yo no recordaba cuándo fuimos a Santana la última vez y eché mano de mi Diario; volví hacia atrás hojas y hojas y descubrí que hacía cuatro meses. Leí un día: “Hoy, once de Enero, salimos hacia Santana a las diez de la mañana.
No había pensado antes en esta faceta de mis Soflamas, pero es justo una Máquina del Tiempo que permite volver atrás y saber lo que hice otro día del pasado.
MÁQUINA DEL FUTURO
Pensé que podía existir otra máquina para ver el futuro. ¿Habría pensado alguien en eso? ¿Venderían también otra máquina que adelantara en el tiempo los acontecimientos por venir, o sea, una máquina del futuro?
Que la pusieras sobre un objeto y este se hiciera viejo pronto hasta destruirse. Todo tenía su final y tú lo veías envejecer y morir. Hasta con la fecha de su muerte. Si era una persona, te mostraba su porvenir, incierto de otro modo.
Sería curiosa la maquinita. Cuando supe que existía, la compré. Me gustaba observar como las plantas crecían deprisa; y cuando llegaban a un punto se mustiaban y morían. Veía los animales crecer rápidos, hacerse viejos y caer muertos al final.
Y hasta probé con personas que se adelantaban a los demás en años y se volvían decrépitos y faltos de fuerzas hasta que caían muertos como carreristas compitiendo en olimpiadas.
Presencié accidentes mortales por adelantado, que hubiera corrido a decirles que no viajaran ese día. Estuve en bodas que no esperaban familiares de los contrayentes. Vi sucesos que nadie se imaginaba.
Y, oh locura, en un arrebato de curiosidad, quise saber mi futuro. Cuando me vi en la pantalla tuve miedo, un miedo atroz, y la detuve.
No pude seguir viendo mi propio porvenir, ¿Moriría antes de lo que esperaba? Comprendí que el mayor encanto de la vida era precisamente no conocer el futuro. Era desvelar el secreto mejor guardado, por el que valía la pena seguir viviendo.
Cuando la detuve, cogí un martillo y empecé a darle golpes como un poseso. La hice mil pedazos y la tiré a la basura.
Así conocí las dos Máquinas del Tiempo; una para atrás y otra hacia delante. Con una veía el pasado, cómo empezó su existencia, quién lo fabricó y por qué lo hizo.
Con el segundo veía como crecía a velocidad vertiginosa, y cómo acababa sus días.
No sabría decir cuándo pensé en estas máquinas, pero sí lo que hice cuando las tuve. Con paciencia, fui retrocediendo mi vida anterior. Con la que se adelantaba al tiempo, la destruiría otra vez. No quiero conocer mi futuro,
PARA PENSAR
Cada día es una nueva oportunidad para levantarte y hacerlo mejor que ayer.
¿LO SABÍAS?
Hubo un tiempo en que fue deporte olímpico el duelo con pistola.
En los Juegos Olímpicos de 1900 se utilizaron animales vivos en una prueba.
El tiro al pichón consistía en disparar y matar tantos pájaros como fuera posible. El participante quedaba eliminado si dejaba dos pájaros vivos.
Hoy es impensable, pero el tiro al ciervo estuvo presente en los Juegos Olímpicos desde 1908 a 1924, en 1952 y en 1956.
Abrazos del abuelo Paco.
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