Fronteras.

19 abril 2023

     Murcia, miércoles, las ocho y veinte de un día sin nubes y sin novedades dignas de mención.  

     18 abril 2023

     Murcia, martes, San Hermenegildo, 11:45. Ya subí a tomar el sol en la terraza; ya bajé a saludar a Sara; ya mandé mi Soflama a los hijos y amigos, sobrinos y nietos. Ahora a escribir un rato aquí con el piano. ¿De qué hablaremos hoy?

     FRONTERAS

     Lo ideal sería que en la Tierra todos fuéramos paisanos, que no hubiera fronteras, que todos cupiéramos en alguna parte de la Tierra como una gran familia. “Médicos a China”, y los médicos del norte, del sur, del este y del oeste, a China a trabajar.

     “Recogedores de fruta a Murcia”, y los que saben recoger fruta, a Murcia hasta que no quedara una pera ni un melocotón por recoger. “Albañiles a Canadá”, y los del yeso y la plomada a levantar paredes por más arriba de Nueva York. Como una casa grande, tú ya me entiendes.

     Que había que poner una cerradura: tú mismo, Juan. Que un grifo no funciona: a repararlo, Anselmo. Que la puerta no cierra bien: a cepillarla, Filiberto. Si el mundo fuera así, no había problemas. Y ahora, con internet menos: cada día que apareciera una lista de trabajos por realizar y todos a colaborar como en la propia casa.

     - ¿Pero el idioma?

     - Por señas, que los trabajos necesitan poco de bla, bla, bla.

     - Pero hasta que sea el Planeta como la propia casa, la casa de todos, tendremos que cuidar de las fronteras, tendremos que llamar  a cada nación por su nombre -España, Portugal, Chile o Japón- y saber quién entra y quién sale por su puerta.

     Porque me temo que si dejamos la puerta abierta, un día habrá tantos de fuera en ella que nos echarán a nosotros. Hoy ya se corre el riesgo de que te saquen de tu casa para ocuparla ellos, y de que tengan trabajo cuando los de aquí no tienen.

     Mañana, pronto, pueden organizarse y decir: “¡Fuera de España los españoles!”. Y como serán más que nosotros tendremos que obedecer y salir a ninguna parte en busca un refugio. Ya menudean los asaltos a casas de campo deshabitadas o a ciudades pequeñas; pronto será a ciudades más grandes y exigiendo por la fuerza.

     Hasta vivir todos juntos en todas partes, los españoles aquí y los chinos en China, y con muchos policías para que no se cuelen. Como España, fuera de los Pirineos y de los mares, tiene fama de ser rica, los africanos, como hormigas, suben hacia el norte. Está bien, todos somos hermanos y no tienen qué llevarse a la boca, pero aquí todos no cabemos.

     Hasta que Europa se confunda territorialmente con Asia y con África, hasta que no haya más que una nación llamada Planeta y los ocho mil millones de habitantes del mundo se miren como hermanos de una misma raza, lo más prudente será que cada uno viva donde nació sin salir de sus fronteras si no es de turismo, y que las naciones que puedan más den a las que puedan menos para que vivan sin cuidados. “Tú allí, que yo te ayudaré”. Y eso sí, no olvidarlos.

     Pero abrir las puertas de par en par es peligroso aún, que las pateras nos invaden y nosotros tendremos que dejarles nuestras casas para que vivan ellos y nuestras camas para que duerman. ¿No le pasó ya lo mismo a los amerindios? Hay que ser buenos, pero con prudencia; hay que ser generosos, pero con cuidado.

                   Un abrazo del abuelo Paco y hasta mañana.

     

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