Y vino el Papa.

4 marzo 2023

   Murcia, sábado, las nueve, sin novedad.

   3 marzo 2023

   Murcia, viernes, 11:35. Sigo con el Papa Benedicto XVI. Ayer te copié el Prólogo que escribí para mi libro “Diálogos con el Papa”. Hoy lo haré lo mismo con su visita a España cuando mi hijo trabajaba en Barcelona:

   VISITA DE BENEDICTO XVI A ESPAÑA:

   “Mamá escucha la radio. Como viene el Papa, todo es hablar de Benedicto XVI. Ella es feliz oyendo que va a Galicia como otro peregrino más, y luego que iría a Barcelona, donde trabaja Ángel, a saludar a la Sagrada Familia.

   Y VINO EL PAPA  

   -Pero, vamos a ver, Ángel -piensa mi mujer que le dirá el Papa  a Ángel en la visita-: “¿Hay peligro de que el templo se hunda con esas obras que lleváis a cabo?”.

   -Tranquilo, Su Santidad -sigue pensando mi mujer que le contestará su hijo Ángel-: el templo está a prueba de seísmos, ya lo pensó Gaudí; y menos por un túnel que pasa a doscientos metros.

   -Entonces, ¿puedo estar tranquilo?

   -Totalmente; ya sabe cómo son los catalanes: si hay toros, no quieren toros; si hablan castellano, ellos catalán; si blanco, negro; si negro, blanco…

   Basta que hayan oído que viene el Papa para poner el grito en el Cielo: “La catedral se puede hundir”, “Nos va a costar un riñón la visita”… Pero usted no haga caso, que luego le ayudan y dan la vida por usted.

   -Así lo espero, Ángel-Inocencio. Y, de paso, ¿por quién te llamas Inocencio como un colega mío.

   -Por mi abuelo, que en paz descanse. Dicen que era muy bueno y trabajador como pocos.

   -Rezaré por él en el avión cuando pase por Jumilla.

   -Hágalo, Santo Padre, que era el padre de mi madre, y madre no hay más que una.

   -Rezaré tambíén´por ella. ¿De qué padece?

   -¿De verdad que con rezos se puede curar, don Benedicto?

   -Yo soy otro Cristo en la Tierra, y ya sabes que el Señor hacía milagros; hasta resucitó a su amigo Lázaro y a la hija de Jairo. Yo por rezar que no quede.

   -Pues hágalo, por favor, que veo que un día se cae en la calle y la tenemos que llevar en una silla de ruedas.

   -Ahora van muchos así: a falta de fuerzas, se ponen ruedas.

   -No, no, Dios no lo quiera, que tenemos la casa en un monte y no podría subir y bajar como siempre lo ha hecho. ¿Cómo iba a regar montada en un carrito?

   -Veré lo que puedo hacer, Ángel. Y por tu padre, ¿no me pides que rece?

   -De momento no; ya le avisaré cuando lo necesite.

   -Lo mejor es no acordarse de los males: así se espantan, aunque llegarán.

   -Cuando den la cara le pongo un e-mail a su Santidad, ¿cuál es su correo electrónico, San Benedicto?

   -No me asciendas, déjalo en Benedicto XVI. Mi correo es “WWW.papade todos.com”. Aunque he oído que los cristianos van siendo menos cada día.

   -Como ahora los matrimonios no pasan de tener dos hijos, se reduce el censo. Si hicieran como mi hermano Pascual, que tiene cinco, o como yo que tengo cuatro, otro gallo nos cantaría. Un moro dijo que iban a vencer sin armas ¿y sabe cómo?

   -¿Cómo, Ángel?, estas cosas me interesan mucho, como que me juego el ser o no ser que dijo Hamlet. ¿Cómo dijo ese hijo de Alá que van a ganar?

   -Por la prole.

   -¿Cómo por la prole?, sé  más explícito.

   -Teniendo más hijos que los cristianos.

   -Me lo temía, me lo temía…  Adiós, hijo, rezaré por vosotros.

   EL NOMBRE DE LOS PAPAS

   En los primeros siglos de la historia de la Iglesia los Papas usaban  el nombre de pila tras su elección. La costumbre de cambiar el nombre comienza en 533 cuando Mercurio consideró inapropiado para un Papa llamarse como un dios pagano romano y eligió el nombre de Juan II en honor a su predecesor Juan I.

   En 1978 el Cardenal Albino Luciani fue el primero en escoger el nombre compuesto de Juan Pablo I, en honor a sus dos predecesores Juan XXIII y Pablo VI. Le siguió Karol Woitila, que escogió el nombre de Juan Pablo II.    

                                                 El abuelo Paco.


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