Paco Díaz.

11 marzo 2023

    Murcia, sábado, las nueve; si en marzo mayea, en mayo marcea. La primera premisa se está dando. Sin novedad en el recinto familiar.

   10 marzo 23

   Murcia, viernes, 12:25, parece que el tiempo mejora, que el invierno se despide, que la primavera se vislumbra.

   PACO DÍAZ

   No hace mucho, llegó a mis manos un libro titulado “Paco Díaz”. Contaba la vida y milagros del hijo de don Jerónimo, siendo seminarista.

    Paco Díaz y yo íbamos al mismo Colegio de San Francisco en Jumilla y jugábamos juntos en el patio de recreo. Su padre fue compañero de profesión, compañero de concejal en el Ayuntamiento y vivíamos cerca el uno del otro.

   El timbre de su voz, de Paco Díaz, era inconfundible: lo oigo claro no sé dónde dentro de mí,  Sus maneras, lo mismo. Se reía cuando los demás estaban preocupados, o movía las bolas y se iba corriendo para desespero de los demás -pero se trataba de Paco y se deshacía el enfado pronto-                              Era muy estudioso: un año hubo premios al final de curso, a la mejores calificaciones. Remedios Palencia obtuvo un 10 de media; Paco Díaz fue el segundo, con nueve con ocho décimas de media. Lo recuerdo porque el tercero fui yo con 9,6 de nota media.

   Su vocación por el sacerdocio, al que no llegó por su temprana muerte, fue creciendo desde que era niño.  El libro que llegó a mis manos no hace mucho me recuerda al Paco Díaz de finales de los cuarenta del siglo pasado.

   Me tropecé por Murcia una mañana con don Francisco Candel, autor del libro “Paco Díaz “ y le dije: “Anoche estuve con usted, don Francisco.”

   -¿Dónde?,  no recuerdo, me contestó. Don Francisco es bajito, con su sotana sempiterna negra hasta los pies.

   -Estuve leyendo un libro suyo.

   Aclarado el equívoco recordamos otra vez a Paco Díaz y momentos de su vida. “Su libro es precioso; resalta muy bien las virtudes de Paco”, le dije para despedirme.

   ¿Seguiría pensando en Paco Díaz o en mis palabras? Somos incorregiblemente vanidosos.

   VANIDADES

   -Don Francisco, ¿ha escrito usted el libro solo para que los demás lo alaben?

   -No es cierto, se ha confundido,  su juicio es un disparate y un insulto.

   -Perdón, le pido disculpas, don Francisco.

  -Bueno,  no es para tanto; a lo mejor un poco si tienes razón.

   -¿Cómo he podido pensar tal cosa de usted?

   -Todos somos un poco vanidosos, y hay que reconocerlo.

   -Usted no, don Francisco.

   -Creo que más de lo que quisiera.  Como en confesión, le diré que he llorado este pecado toda mi vida.

   -¿Quién lo iba  a decir de usted, don Francisco?

   -Y el libro “Paco Díaz”, como otros que he publicado, fue con la vanidosa intención de que me señalaran como un dios de la ciencia y del saber.

   -Ay, don Francisco, hay tantos como usted.  

   -Intentaré de nuevo pisar mi vanidad y mi orgullo.

   -La vida es lucha, “contra malicia, milicia” que dijo aquel.

   -Aunque un poco de malicia tampoco viene mal. Quiero decir que hasta la vanidad sin pasarse puede ser buena.

   -Como la sal en las comidas.

   -Como la sal: poca da sabor y mucha perjudica.

   -Me alegro de haber reflexionado juntos.

   Hasta siempre, tocayo. 

                                                                                                El abuelo Paco

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