Nicolás y Zoíla.

 22 marzo 2023

   Murcia, miércoles, las ocho, en la galería. Sin novedad.

21 marzo 2023

Murcia, martes, 11:30. Vengo de hacer mis deberes fuera de casa -Sara, bici, paaeo, lectura, etc.-. Ayer visitamos al odontólogo, con cita previa, mi hijo Pascual Jesús y yo. Ahora Orenes quiere ver mi boca cada seis meses. El que la lleva, la entiende. La próxima visita será, D.m., el cinco de septiembre.

NICOLÁS Y ZOILA

Por la década de los cincuenta del pasado siglo, viví con ellos cuatro años en Elche de la Sierra, provincia de Albacete. Sus hijos, Jesús y Antonio, eran niños que iban conmigo a la Escuela.

Antonio era habilidoso y aplicado; Jesús era menos dado a los libros. Quizás más inteligente que su hermano, pero menos estudioso. Con el tiempo, Antonio se hizo Maestro y Jesús comerciante, como su padre.

Justo lo que se esperaba de ellos, lo que se veía venir. Lo contrario hubiera sido una incoherencia natural, un despropósito. Por estos años, viviendo yo en su casa, nació su hija María Teresa.

Zoila y Nicolás eran entonces todavía jóvenes. Luego, abuelos, visitaban a los hijos y a los nietos en sus casas. Habían cumplido. Podían sentirse orgullosos de haber representado bien, con dignidad, su papel de padres en la función.

En las personas, como en los pueblos, se aprecia con perspectiva si acertaron o se equivocaron. Cuando se mira retrospectivamente la vida del Imperio Romano, por ejemplo, se advierte que tal o cual emperador hubiera podido cambiar el rumbo de la Historia actuando de otro modo.

Como la Historia es irreversible, ciertas actuaciones fueron decisorias en el futuro. En las personas ocurre lo mismo: con el tiempo se ve perfectamente, como la urdimbre de un tejido, aciertos y errores en su vivir cotidiano.

Es curioso observar que por esa cualidad de la naturaleza humana de que nada puede repetirse, parece que la solución adoptada en su momento, es justo la mejor. Y ai no es la mejor, la propia naturaleza se encarga de que lo sea.

Me explico: supongamos que un Jefe de Estado toma una decisión importante y trascendente. Podía ser otra la decisión adoptada, pero como ya no cabe rectificar, esa decisión irá enderezándose para llegar a ser la mejor.

En la vida de las personas ocurre lo mismo: cada paso es una disyuntiva -o eso o aquello- y nuestra decisión no puede volver atrás; pero la propia naturaleza se encarga de hacer de cada paso el mejor, el que corresponde, él idóneo, por no decir el único.

                                            El abuelo Paco 

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