Felicidades, padre, donde estés.
31 marzo 2023
Murcia, viernes, las nueve, San Amós: FELICIDADES, PADRE, DONDE ESTÉS, y a los Amoses que diste al mundo. Un abrazo.
30 marzo 2023
Murcia, jueves, 11:38, o doce menos veintidós minutos.
RUIDOS
El bando se veía venir. Con la Democracia, los fines de semana eran muy ruidosos. Los jóvenes y no tan jóvenes salían de copas y no volvían a sus casas hasta que el sol estaba bien alto.
Y con las copas había música, altavoces, gritos y discusiones. “Democracia es hacer lo que uno quiera”, se dijo en su momento. Y muchos no cogieron el final: “sin molestar a nadie”.
Pensaron que si antes hubo represión con la Dictadura, ahora llegaba el desquite y valía a todo.
Los padres decían a sus hijos: “Nosotros, los mayores, hemos vivido vigilados por la autoridad de día y de noche, sujetos a unas ordenes que decretaban los gobernantes”. Y como contrapartida, veían bien que sus hijos gozaran de una libertad que ellos no tuvieron.
La Democracia es libertad, es hacer lo que uno quiere. Los jóvenes se aprendieron la lección y con dinero en los bolsillos: “Gastad lo que nosotros no tuvimos”.
Y la filosofía de “Haced lo que os plazca” tomeron las calles por asalto y llenaron de ruidos de coches, de motos y gritos. “Vivid, vivid lo que nosotros no pudimos”.
El ”póntelo, pónselo” se puso de moda. No había frenos a la moral ni a los avisos sensatos de algunos mayores que descubrían el lado negativo a tanta libertad mal entendida. Niños todavía bebían alcohol, fumaban porros y se extasiaban con pruebas peligrosas de sexo.
La alarma tuvo que llegar. No solo porque las consecuencias no se hicieron esperar con embarazos de adolescentes, abortos mil y enfermedades no conocidas, sino porque había una parte de la población que por edad o salud delicada, no podían con los ruidos que los jóvenes ocasionaban en sus locas veladas.
No se trataba de un barrio; era todo el pueblo o ciudad su emplazamiento. Lugares de alterne y bebidas proliferaron. No quedaba calle o plaza que no tuviera su bullicio durante dos o tres noches seguidas cada siete días.
El bando se veía venir. Ante las miles de quejas y anónimos con su carga de miedo, el Alcalde dispuso que los bares cerraran a las doce de la noche. Hubo protestas generalizadas. Los jóvenes quemaron contenedores y volcaron cientos de coches. “Pero, ¿qué democracia tenemos? volvieron los franquistas”.
La guerra con los policías fue tremenda. Los pueblos y ciudades por la noche eran barricadas sin cuartel. Heridos, detenciones, cierres, multas, de todo. Había muchos intereses en juego.
No solo el goce de los jóvenes que pedían libertad sin medida a la recién nacida democracia, sino de los dueños de los bares que veían decrecer las ventas gigantescas que tenían y de los que traficaban con la droga.
Había muchos intereses en juego, y muchos por el pingüe negocio que les suponía, se encargaban de exaltar los ánimos y de exigir la libertad que la democracia les confería.
Ante tal presión y por el bien que proclamaban ancianos y enfermos, se autorizó a seguir con el desenfreno, pero fuera de la ciudad, donde no pudieran ser oídos por mucho que gritaran o se movieran.
Continuará. El abuelo Paco
Comentarios
Publicar un comentario