Como si hubiese sido ayer.

 21 marzo 2023

   Murcia, martes, las ocho. Sin novedad.

   20 marzo 2023

Murcia, lunes, 11:45 o doce menos cuarto, con el piano. Se pasó San José y se quemaron las fallas de Valencia. Yo las vi quemar; mejor, vi quemar la del Ayuntamiento, a las once. Mucho ruido y mucho fuego.

La pobre falla, la mala de la película, no pudo escapar del asedio hasta que expiró. A mí me daba lástima verla entre tantos enemigos, celebrando su quema.

Hoy es un día especial: en la historia, nadie recordará que existió. Será otro día como el año 1993, todo se quedó en 1992 con la feria de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Son fechas que no se ven.

Algo así como los días de Camarlengo.

-¿Camarlengo?

-Camarlengo es el Cardenal que gobierna la iglesia en sede vacante. ¿Qué pasó con Benedicto XVI cuando renunció al Papado por enfermedad? El Camarlengo se hizo cargo de la cristiandad hasta que se nombrara otro Papa. El Camarlengo actúa unos días cuando muere el Pontífice para que la Iglesia no se quede sin pastor.

En el caso de Benedicto XVI no murió, pero voló -y nunca mejor dicho. Un helicóptero se lo llevó por los aires a Castelgandolfo a reponerse y rezar por el nuevo Papa que saliera elegido. Se vería sin arrestos para llevar la enorme carga, que hasta allí llegó la corrupción.

-Somos humanos unos y otros y el demonio se cuela en todas partes. Yo pensaba que con la Iglesia no se atrevía Satanás, pero veo que sí, que tiene recursos para llevarse a quien sea por delante. Y te nombraron a ti Papa Francisco. Cuidadín, cuidadín, que veo que tienes mal las piernas para correr.

UN CUENTO

-Estoy cansado -dijo Benigno cayendo rendido en el sofá. Más que cansado diría mejor fatigado -siguió como hablando consigo mismo-. La mujer, como si no escuchara, dejaba bolsas encima de la mesa y se despojaba luego de algunas prendas de vestir.

-El viaje ha sido largo -contestó ella-. Luego permanecieron callados: él, con los ojos cerrados; ella, sacando objetos de las maletas y bolsas arrumbadas cerca.

-Como si hubiera sido ayer cuando nos fuimos, y hace cincuenta años -dijo Benigno con una sonrisa de melancolía-. Carmen dejó su faena y vino a sentarse al lado de su marido.

-El tiempo pasa muy deprisa, papá. -Carmen en la intimidad llamaba papá, cariñosamente, a su esposo-. Parece que fue ayer cuando dejamos la casa,  y cuántas cosas han pasado: criamos a nuestros hijos -iba a nacer nuestro primer hijo-, y ahora, cincuenta años después, todo sigue como entonces. Benigno siguió en silencia de nuevo, con la mujer al lado.

 -¿Te acuerdas cuando dejamos la casa? 

-¿No he de acordarme, papá? Se casaron y ahora estamos donde mismo. O sea, que cumplimos.

-Hicimos lo que teníamos que hacer: tener unos hijos y educarlos.

-Tú cumpliste bien tu papel.

-Y tú también el tuyo.

-¿Qué vamos a comer? -dijo él luego.

-Tenemos una vida por delante -dijo ella riendo-. Ahora preparamos lo que más nos guste.

-¿Como hacíamos antes?

 -Pues claro, ¿cómo iba a ser de otro modo? -respondió Carmen.

-Se rieron; luego dijo Benigno pensativo: ¿tú crees que todo seguirá igual?

-Todo: ahora que ellos se han casado empalmamos con el pasado.

-Qué bien hicimos con no vender esta casa.

-Salimos a realizar un trabajo y volvemos a descansar. Otra no nos serviría tan bien.

-Bravo, eres un filósofo, -dijo ella. Vayamos pues a la cocina a preparar la comida.

-Vayamos como si hubiera sido ayer cuando salimos.

-Es que fue ayer, Carmen, ¿o no?

-Claro que sí. Se cogieron del brazo y salieron a la cocina.

                                     El abuelo Paco.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El voto.