Asesinatos.

 17 marzo 2023

    Murcia, viernes, las ocho y sin novedad en casa. Fuera hay de todo: uno ganó casi tres millones de euros en el Concurso de Pasapalabra; Tamames prepara una Moción de Censura con VOX prara echar a Pedro Sánchez del Gobierno; Putin ve que no puede recuperar Ucrania… and so on. La vida, y los problemas que vamos creando los humanos para estar entretenidos.

    

     16 marzo 23

     Murcia, jueves,  las once y veinte, con el piano.

   - No hay quien me lo quite de la cabeza: el que comete un asesinato es un enfermo. Algo no le funciona bien en el cerebro. ¿Tú crees que la mujer que haya acabado con la vida de sus hijos está en su sano juicio? Imposible. La justicia la condenará; los vecinos la maldecirán; pero esta mujer no puede ser culpable.

  - ¿Quién entonces?

   - La enfermedad, producida tal vez por una alteración de su organismo, que a su vez puede haber sido producida por otra causa. Las conexiones cerebrales son tan cambiantes que vaya usted a saber. En cadena, pueden cambiar por miles en un segundo. Y claro, el resultado de la actuación posterior es imprevisible.

   - ¿Cómo empieza?, nunca se sabe, aunque siempre haya un motivo que lo origine. Y una vez alterado es tan sensible que se desequilibra con virulencia, aquí y allá, por contagios imprevistos. Unos contagios provocan otros de zona que no esperaban ser atacados, y estos y estos a otros. Total, una conflagración cerebral que no se parece en nada al primero.

  - Y en ese estado, la persona actúa de cualquier modo sin que sea responsable de lo que hace. No es, por tanto, culpable, aunque lo parezca, el que comete un delito. La situación normal de un cerebro viene a ser la anormal. Cualquier cerebro por muy estable que sea o resistente a los cambios, sufre los impactos ambientales que lo alteran: un sonido, una palabra, un recuerdo, un encuentro inesperado, una impresión, una confusión, cualquier cambio ambiental, un miedo imaginario... puede ser el desencadenante del primer chispazo.

  - Este movimiento y cuántos se generan a continuación son involuntarios… nuestro yo queda totalmente a merced del azar. Uno no es ya él. La voluntad es otra. La razón es otra también. Entran en juegos otros valores, otros sentimientos y otros juicios que ni la persona que los lleva los conoce.

   -Sí por suerte pasa la tormenta, luego, cuando vuelve la paz a su cabeza, recuerda en el peligro que estuvo, pero, si por desgracia actuó con violencia, él será el primero en lamentarlo. No hará falta que el juez se lo diga. Él sabrá que es inocente pero nadie lo creerá. ¿No pudo ser el alcohol el desencadenante de un crimen? ¿No cambió el alcohol o cualquier droga al criminal?

   -No es fácil actuar con justicia de la buena ante los humanos comportamientos que llaman la atención por su espectacularidad. Repito que es una carga que llevamos con nosotros que funciona sin nuestro concurso y que sin embargo respondemos de sus actos. Que son brillantes, te pones tú los galones sin merecerlos; que son execrables, punibles, a ti te toca pagar por ellos.

   ¿No se podía revisar este capítulo de la Moral para que ganara la Justicia?. Es el azar quien los controla y descontrola. Es el leve andar de mi cuerpo; la influencia extraña de un viento, un cambio de temperatura, de presión... quien la hace bailar un baile maldito de chispazos sin control en el cerebro.

 

¿SABIAS QUE…

   Las flores tienen sentidos? Estudios recientes han demostrado que las flores responden a la luz, por lo que tienen su particular sentido de la vista. Reaccionan a estímulos mecánicos (sentido del tacto); a ciertos aerosoles (sentido del olfato); y por supuesto también oyen. Según un estudio de la Universidad de Tel Aviv, el azúcar aumenta casi instantáneamente en algunas flores cuando escuchan el ruido de sus polinizadores.

   Las flores emiten señales eléctricas para informar a sus polinizadores. Las flores dicen a las abejas que las ha visitado ya otras abejas Evitan perder el tiempo yendo de flor en flor.  

                                                                                                El abuelo Paco

 

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