Al final de nuestra vida.
28 marzo 2023
Murcia, martes, 9:10, buen tiempo y próximas vacaciones.
27 marzo 2023
Murcia, lunes, 11:45, con poca historia. Mi ángel de la guarda tendrá en su día poco que contar.
“ A ver, a ver, ¿qué traes? -dirá el Jefe Supremo.
Y mostrará un saco vacío.
- ¿Es que no existió un 27 de marzo de 2023 en esta persona?
- Y la respuesta será un encogerse de hombros por parte del mensajero.
Luego dirá para justificarse: desayunó, bajó. Subió, comió, vio la tele, fue, vino, cenó y se acostó.
- Ya veo -dirá el Juez Supremo.
- ¿Decía…? -replica el ángel que lo acompaña.
- Nada, que está explicado que traigas el talego vacío.
- Yo me pregunto: “¿Tenemos muchos días sin nada que ofrecer? Quizás más de la cuenta si sumamos los días de nuestra vida con poco o nada que ofrecer.
- Cuando el Señor, como Juez universal, reciba a los acompañantes encargados de dar cuenta de nuestra vida, sonreirá con amargura viendo lo poco que cada uno lleva de valor.
- Yo fui quien lo acompañé. Seco el talego el día 380; el 12642, aquí hay algo: este día contrajo matrimonio.
- Ya era hora que hiciera algo positivo.
- En el día 15000 algo lleva dentro. Veamos.
- Ah, ¿qué dice ese papel? Da limosna a un pobre. ¿El 504245 vacío? No señor ¿qué lleva? Deja paso a los que vienen que van bien cargados.
- ¿Qué traes? Echaló encima de la mesa. Ajajá, vengo que no puedo; este día salvó a un anciano de ser atropellado con riesgo de su vida
- ¿Y tú?
- Dio de comer a varios pobres.
- ¿Y tú qué dices?
- Dio ejemplo de buena conducta.
- ¿Y tú?
- Este día acompañó a un enfermo en un hospital.
- Que pase otro.
- Como este juicio lo tendremos al final de nuestra vida no estaría de más que fuéramos llenando la alforja cada día de nuestra existencia con hechos de valor para ofrecerlos en su momento al Sumo Juez.
- Es lástima que muchos vayan desprovisto de lo necesario y el Señor no tenga más remedio que exclamar: “¡Toda su vida para esto!: Negativo.
MÁS ARRIBA
Sucedió que la congregación judía de una comunidad estaba muy preocupada por la ausencia de su rabino los sábados por la noche. Lo veían salir a la montaña pero ¿qué hacía? ¿iba a orar? ¿qué hacía? Después de meses enviaron a alguien a seguirle. El rabino subió a la cima donde había una casita en la que yacía una anciana en la cama enferma. El rabino se puso a barrer, a cortar leña, a encender el fuego, a hacer un gran puchero de estofado, lavar y luego bajar rápido para estar de vuelta en la sinagoga a la hora de las celebraciones matutinas. El enviado regresó también.
Y bien, quiso saber la congregación: ¿va nuestro rabino al cielo? No amigos míos, nuestro rabino va más arriba del cielo.
El abuelo Paco.
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