Una misa.
22 febrero 2023
Murcia, miércoles, 22 de febrero de 2023 las ocho, sin novedad. Quedará en la historia familiar que ayer, martes de Carnaval, recibí un nuevo libro: “AÑO 2022 CON LA GUERRA SE UCRANIA”, que podéis pasar a recoger hijos y nietos.
21 febrero 2023
Murcia, martes, las doce y treinta y cinco, o la una menos veinticinco, con el piano, que es decir en la habitación de Lina.
ABSOLUTEZ DISRUPTIVA
Un señor se quejaba amargamente porque le habían devuelto un artículo que mandó al periódico un mes antes.
-¿Y cómo lo titulabas? -preguntó su mujer.
-Absolutez disruptiva de la alteridad intertextual y uso elíptico de las funciones metonímicas en la poesía de Góngora- contestó él.
-¡Hombre!, ¿no te parece un poco largo? -le replicó la señora.
-Lo malo -meditó el escritor- es que si cambio el título tendré que prescindir del subtítulo que puse entre paréntesis: “Aportaciones para una hermenéutica de ontología literario-estética en la penúltima fase del barroco español bajo los Austrias”. ¡Una lástima! ¡Una pena!
Luego, como hablando consigo mismo, dijo el erudito marido: “O quizás no me han publicado el trabajo porque pedían un máximo de diez folios y mandé sesenta y uno y trece de Notas”.
La mujer, comprensiva, lo alivió diciendo que no sabían lo que se habían perdido y que era un genio su marido.
UNA MISA
Mi amigo de la infancia, don Blas el Cura, misionero por América muchos años, celebró una Misa en la iglesia de “San Juan”, en Jumilla, por el eterno descanso de un amigo común.
Una Misa chocante por la forma de dirigirse a los fieles. Don Blas, por lo visto, creía estar aún con los indios de la Patagonia o de la selva uruguaya. Sus gestos y sus voces eran exagerados, que tuvo que haber dejado antes de tomar el avión de regreso a España.
“Tres mil millones de seres humanos no han escuchado la palaba de Dios; y nosotros, afortunados, por un oído nos entra y por otro nos sale” -dijo en la homilía.
¿A cuento de qué tenía que decirnos eso? ¿Qué nos merecíamos nosotros, que fuimos precisamente a rezar por el alma de un finado? No, Blas -pensé-, caes en el error de tantos predicadores resaltando lo negativo y olvidando lo bueno que hay en las personas que tienes delante.
“¡Hay que cumplir con el precepto dominical!”, gritan otros en el púlpito. Pero, ¿por qué decirlo a los que están allí cumpliendo con el precepto?
“El Señor nos va a castigar por no venir a Misa”. ¿No se dan cuenta que los que escuchan están cumpliendo con el mandato del Señor y los que no cumplen con el mandato divino no se enteran porque no están allí?
¿No sería mejor explicar el Evangelio como el propio Jesús haría enseñando cómo debemos caminar por este valle de bellezas sin cuento? A las personas hay que hablar como quisiéramos que fueran. El cura debe hablar a un pueblo ideal y cada cual se identificará con ese pueblo idealizado por él en sus sermones.
No, Blas, no lleves mensajes negativos por el mundo y menos allende los mares, que no conocen más mensaje que el tuyo. “Id y enseñad a todas las gentes” -dijo Jesús-, pero le faltó señalar que se hiciera con métodos adecuados.
En cuanto a la doctrina, ¿no sería conveniente que después de veinte siglos viniera a recordarla? ¿Qué se reuniera con su Iglesia en una magna Asamblea con el Papa a su lado, Cardenales, Obispos y Sacerdotes? Libraría al mundo de algunas dudas que circulan o se han engendrado con el tiempo.
Y es que dos mil años son muchos años y los tiempos son otros. Me imagino que Jesús explicando a su grey como hace veinte siglos en Palestina. ¡Cuántas sorpresas habría!
¿No dijo…?
-No, hijo, yo dije lo contrario.
-Maestro, ¿Qué hay de…? Y Jesús, sonriente, como entre niños pequeños, explicaría de nuevo las verdades de su Iglesia. Os dejo -diría para terminar- en manos de mi alter ego, de mi sucesor el Papa, haced lo que él os diga. Sed fieles a su palabra.
-¿Qué hay del celibato -se atreve medio escondido un cura diminuto con vocecilla de pájaro.
Jesús, con voz dura, le contesta: “Confíe en el Papa, que dirige mi ganado, y tiene mi saber y mi confianza.
Acabada la reunión nos dejaría el Señor y la nave de la Iglesia emprendería una nueva singladura en la historia de la humanidad.
El abuelo Paco
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