Que te doy, pero no te doy.
13 febrero 2023
Murcia, lunes, las nueve menos diez, sin novedad.
12 febrero 2023
Murcia, domingo, las doce y veinte y el tiempo queriendo llover pero sin llover; que te doy, pero no te doy; prometiendo pero sin dar.
Termino este cuaderno con promesas, junto al piano, pero sin canciones, como el tiempo, como tantas cosas, como el gobierno, como el fútbol. Las terrazas de los pisos sin ropa tendida a secar por si…
-Sigue con el viaje a Madrid en el 91, que lo dejaste por Don Jesús Gil y Gil en el balcón.
Continuación:
Mostró el señor Gil y Gil una gran copa, levantándola con ambos brazos. El griterío arreció. Eran momentos de locura. ¿Quién me iba a decir a mi que iba a presenciar semejante acontecimiento?
Cuando los señores del balcón se entraron, la gente, poco a poco, fue dispersándose y la plaza volvió a lo suyo.
Me disponía a regresar cuando me tropecé con Pepe Giménez, el de Melchor, paisano y buen amigo: “¡Qué pequeño es el mundo!”, le dije. “Mi hijo se examina el miércoles de inglés”, me dijo.
La noche fue tranquila, tranquilísima. El cansancio hizo presa en los cuerpos. A las ocho, Lina y yo salimos a comprar el periódico. Con “el Sol” nos dieron el libro de turno, el número 52, con fábulas de Samaniego.
Tras el desayuno fuimos al Museo del Prado, donde saludamos a una compañera de mamá de la Escuela de Artes y Oficios. ¡También era casualidad!
Mamá nos fue explicando sin rendirse, hasta el punto de que algunos disimulando se alejaban. ¡Pobre mamá! Inasequible al desaliento: Goya, Murillo, Velázquez, El Greco...
Ángel quería también verlo entero.
-“Ángel, eso no puede ser”, le dijeron Lina y sus amigas.
-¿Cómo nos vamos a ir sin verlo? ¿Por qué no nos quedamos otro día? Sin ver el Guernica de Picasso cogimos el metro y volvimos a Legazpi, estación de Utrera.
Después de la comida, como ayer, me dejan solo para ir al Planetario, ver el Zoológico y el Museo de Cera, los cinco a bordo, con Ángel al volante. Que lo pasen bien y que vuelvan sanos y salvos es lo que yo les deseo desde aquí.
4 de Julio 91.
Y de Madrid, volando, volando, otra vez a Murcia. Pero hubo en medio dos jornadas que habrá que llenar. ¿Dónde quedamos? Hubo Planetario y hubo Museo de Cera. Todos felices.
¿Y luego?
Ángel volvió tarde y las demás se recogieron con el sol. Al día siguiente, que es decir ayer, sobre las nueve de la mañana, recogimos cosas, ordenamos otras, limpiamos la casa y salimos hacia Aranjuez.
-¿Es que siguió la fiesta en Aranjuez?
-Valía la pena: visitamos sus bellísimos jardines, el Palacio Real y el Palacio del Labrador: salas, tapices, relojes… Los guías como papagayos se sabían de memoria la lección y nos deleitaban con informes, datos, fechas y curiosidades de interés histórico.
Comimos en una Venta del Toboso y seguimos el viaje conduciendo Ángel hasta casa de un tirón -tirón de más de doscientos kilómetros- a donde llegamos sobre las siete de la tarde.
-Hoy la vida sigue como si nada hubiera ocurrido. ¿Ha ocurrido algo en realidad? Lina ha recibido una postal de Francia de su amiga María Luisa; hemos solicitado el Título de Bachiller de Lina; yo he dado mi vuelta por los bancos; Miguel quiere ir a Molina con sus amigos en el coche…
-¿No habrá peligro?
-Haberlo haylo, pero la vida es riesgo, que hay que aceptar.
-Bien dicho. Como Ángel en Madrid: no se consigue nada prohibiendo, cada cual es timonero de su barco y a él corresponde gobernar. Mi filosofía es esa: sé libre y responsable de tus actos.
-¿Aprendió algo Ángel en Madrid quedándose con sus amigos por la noche?
-Mucho, tanto que esa experiencia pudo ser decisiva en su vida.
-¿Aunque vomitara?
-Aunque vomitara.
El abuelo Paco.
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