Mujeres.

 21 febrero 2023

   Murcia, martes, 8:30 y sin novedad. Oigo decir que llueve.

   20 febrero 2023

   Murcia, lunes, las once, en la galería, junto al comedor, Marlén sigue con las habitaciones. Pronto dirá: “Puede pasar cuando quiera”.

   Yo vengo del Bajo, y antes mandé mi Soflama a los hijos y amigos, donde les cuento que una vez, cuando estaba de Maestro en Elche de la Sierra, fui con Felicito, piloto de avión, a Jumilla a que conociera el Carnaval de mi pueblo.

   Y pasó la tarde con una joven máscara, pero ella no quiso descubrir su cara. A los muchos años, en una boda, se me acercó una señora en la fiesta y me dijo: “¿Qué es de tu amigo Felicito? Un Carnaval pasé la tarde con él”.

   Y así fue, con las veces que me preguntaría Felicito si la conocía. Cosas del Carnaval. Sé de otro que pasó la tarde convidando a otra máscara que no quiso quitarse la careta y luego era su abuela.

   ¿UN CUENTO?

   Te contaré un Cuento: Era una paloma que vivía con sus padres junto al río en su palomar. Un día pasó por su puerta un gavilán y se la quedó mirando.

   No dijo nada, pero sus ojos la desvelan por la noche. ¡Qué fuego despide su mirada! ¿De dónde ha salido y qué busca allí?

   Pasa días sin volver, pero la paloma, a la misma hora, sale a la puerta y mira ansiosa a uno y otro lado por si el encuentro se repitiera.

   El visitante es un gavilán. Desde que la vio por primera vez, supo que caería en sus garras. Con la astucia de un maestro consumado, se agazapa cerca para no ser visto y advierte que la paloma todos los días lo busca codiciosa.

   Los padres de la paloma se preocupan porque saben que el motivo del  desasosiego de su hija se debe al malvado gavilán, que roba palomas inocentes.

   -Si vuelve, no salgas, hija -le ruegan.

   Pero ella sueña con sus ojos, que desea volver a ver y hasta ser quemada por el fuego que despiden.

   -Si vuelve de nuevo, no abras la puerta -le suplican.

   Hasta que pronto, a la misma hora, pasa de nuevo el forastero. La paloma está allí, como todos los días, esperando quizás el milagro de verlo de nuevo.

   Cuando la mira se pone a temblar, no sabe qué hacer. El gavilán, apuesto, arrogante, pasa muy cerca, hasta la roza como un viento provocativo. Se la queda mirando a los ojos, fijamente, y sigue su marcha. La paloma suspira en su aleteo involuntario y grita que no se vaya. Desea ir con él, aunque fuera al mismo sacrificio que temen sus ascendientes.

   Los padres no pierden de vista la escena. La madre quiere atrapar a su hija, pero el padre la sujeta: Déjale que decida por ella misma -exclama angustiado.

   Hay un momento trágico, tenso, de indecisión. La paloma mira atrás y ve a sus padres con los brazos extendidos. Delante, gallardo, sonríe el ave rapaz que atrevido, reta al pasado cargado de experiencia. La paloma se lanza en tromba a los pies del gavilán. Un picotazo le hace sangrar en un ala. Herida y todo, sigue en pos del amado. Los padres impotentes, entran en su aposento.

Es una ingrata -dice la madre.

Es el destino -resume el padre-, y contra el destino no cabe hacer nada.

   MUJERES

   A lo largo de la historia, las mujeres han sido relegadas a un segundo plano. Pero en algunas ocasiones, han tenido mucho éxito por su aportación a la humanidad en todos los campos: artes, tecnología, investigación, ciencia o descubrimientos. Por ejemplo: Katharime Blodgett, nacida en Nueva York en 1898, descubrió los cristales anti flectantes. Fue la primera mujer en doctorarse en física en la universidad de Cambridge, y la primera que trabajó en un laboratorio de General Electric, como ayudante de Langmur, premio Nobel de química en 1932.

                  El abuelo Paco.

 

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