Lo tengo escrito.

  27 febrero 2023

   Murcia, lunes, las nueve, sin novedad, si no es novedad que ayer merendó con nosotros Paula, novia de mi nieto Pablo. Maja la chica, estudiante de Medicina. ¿Será para quedarse en la familia?

  25 febrero 2023

   Murcia, sábado, la una y media, en la galería y con sol fuera.

   LO TENGO ESCRITO   :

   Lo veo venir: Como la gente va sobrando en todas partes, el tiempo de vacaciones va creciendo. No le des vueltas: cada vez serán más las fiestas y menos los días laborables. ¿Semanas de cuatro días de trabajo? A la vuelta de la esquina. ¿Veranos de cuatro meses de vacaciones? Ya mismo. ¿Días de cuatro horas de curro? Igual.

   ¿Quién va a trabajar? Todos, no te preocupes. Pero, si sobra el trabajo, ¿te vas a preocupar por los obreros? Habrá trabajo para todos pero será más llevadero, más cómodo, y, sobre todo, más breve. ¿Qué sacamos con sacrificarnos inútilmente los humanos?

   Pronto llegaremos a la época luminosa del ocio como justificación del trabajo. No te canses, se ve venir, veranos de cuatro meses, semanas de cuatro días y días de cuatro horas. Lo verás.

   LA TORRE DE SAN ANTOLÍN

   Está justo enfrente de donde escribo. Es una torre original, poco pretenciosa. Arriba del todo, como remate, hay una Virgen del tamaño de una persona. Una corona circunda su cabeza. Es una virgen esbelta, proporcionada. Debajo, a sus pies, ya dentro de la bóveda, en embrión, cuelga una campana grande. Las cuatro columnas que conforman este remate de torre, están sin terminar.

   De las columnas parten los hierros que forman la bóveda del campanario. En otro cuerpo de columnas, debajo del anterior y dejando igualmente ver lo que hay dentro, se ven cinco campanas más pequeñas   -¿son cinco, son cuatro?-. Algún día se cubrirán estas columnas y la torre esconderá púdicamente sus interiores. Hoy la torre es un esbozo de torre, un apunte, que deja la iglesia sin terminar.

   Los ecos de las campanas, como vuelo de pájaros asustados, se desparraman por el barrio.

   La iglesia es como una catedral de grande. Enorme. Columnas colosales delante del presbiterio, sostienen la techumbre. Ayer se celebró la fiesta de San Antolín. La iglesia estaba a rebosar de fieles. Una peña de huertanos ataviados con el traje de la tierra, tocaban guitarras y bandurrias.

   CALOR DE MURCIA

   El calor nos tiene entre las cuerdas. Es duro de pelar, aunque ya será por poco tiempo. La gente por sus calles va y viene, anda deprisa. No puede parar si no es en un local refrigerado. Esto -los bares y supermercados-, son algo así como piscinas donde librarse del asedio solar.

   No puede aguantarse el calor de Murcia. Por la tarde, de las siete en adelante, una brisa fresquita alivia el ambiente y sosiega los ánimos.

   Trabajar en Murcia sin aire acondicionado es un suplicio. Los goterones de sudor ruedan por el rostro. “¡Qué calor!” -se oye en todas partes. Algún gracioso exclama: “¿Cuándo acabará esta ola de frío?”.           Los viandantes se cruzan sin decir palabra, como meteoritos, saltando de sombra en sombra, las casas destruidas se cruzan a velocidades olímpicas.

   A mediodía, cuando se sale del trabajo, el sol, como una losa, cae perpendicularmente, los unos se achicharran y los demás llegan a sus casas a punto de derretirse. Vivir en Murcia estos días es un acto de heroísmo.

                                              El abuelo Paco.

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