Cuento. Ramiro.

3 febrero 2023

   Murcia, viernes, las nueve y media. Sin novedad en el Alcázar, familia. ¿Qué tendrán los viernes que alegran los corazones? Á demain.

   2 febrero 2023

   Murcia. Jueves, 11:27, azul el cielo. Y mañana viernes otra vez, viernes siempre, la rueda se ha disparado. ¿Tú has visto esos relojes que marcan las décimas de segundo? La vista no puede leer los números que se suceden con endiablada rapidez.

   Así me pasa con los días de la semana: lunes, jueves, domingo, lunes, viernes, sábado… Todo queda borroso por la velocidad.

   En un Cuento sobre el tren decía yo que la tierra en el suelo se veía desde la ventanilla sin forma definida, como si se agitara en una criba. Nuestra vista es lenta, tiene que mirar despacio para distinguir los objetos. Por lo visto, con los años se vuelve algo miope, lenta, y confunde los días, que pasan deprisa.

   ¿Será esto que digo cuando pasamos de los sesenta? Antes no recuerdo haber reparado en ello como ahora. ¿Es acaso que conforme se avanza en años se teme más la llegada y parece que corre más? En los viajes largos no reparas en la marcha del vehículo hasta que falta poco para dejarlo. ¿Será todo uno y lo mismo?

   Cuando anhelas algo parece que el reloj se detiene; cuando, por el contrario, temes algo, corre que vuela. Los primeros años de la vida deseas llegar pronto al mundo de los mayores y no corren; los últimos, temes llegar al fin y corren que es un primor.

   Si yo tuviera que representar la vida con una recta, la dividiría en segmentos de quince años. El primero, ascendente, vertical, llevaría el nombre de SALIDA; el segundo, ascendente también y vertical aún llevaría por nombre CONVULSIÓN.

   El tercero, de treinta a cuarenta y cinco años, ascendente aún pero ya con una ligera inclinación de 15 a 20 grados, lo llamaría DE TRABAJO; el cuarto tramo, de 45 a 60 años, horizontal de comienzo a fin, lo llamaría TECHO DE LA PERSONA.

   El quinto segmento, de 60 a 75 años, ya casi vertical, visiblemente inclinado, descendente, lo llamaría RETORNO. Visto que flaquean tus fuerzas -ojos, piernas, corazón- vuelves a tu origen.

   El sexto segmento –75 a 90 años- de franca caída en vertical; yo le llamaría RESIGNACIÓN. Y a partir de los noventa FUERA DE JUEGO sin comentario.   

    CUENTO

    Ramiro no lo dijo a nadie, pero estaba cierto de que su presencia llevaba la desgracia a los que trataba. Era un ser maldito. A nadie le pasaba por la cabeza. Si lo hubieran sabido le habrían huido como a la peste, como a una enfermedad incurable, o lo hubieran encerrado.

   La vida de Ramiro estaba salpicada de desgracias por donde iba. Conocía a una persona y a los pocos días se enteraba de que, misteriosamente, había dejado de existir. Nadie sospechaba de él ni él comprendía qué podía haber ocurrido, pero el hecho estaba allí. Y para colmo de males se repetía con frecuencia.

   Ramiro sentía en su interior la terrible desazón de una culpa que no podía comprender. La muerte lo acompañaba cerca sin saber por qué ni para qué. No quería decirlo ni comentarlo con el mejor amigo. El secreto lo llevaba encerrado en lo más íntimo de su persona aunque le quemara por dentro.

     ¿Por qué por qué? Se repetía, pero no encontraba la solución a su problema.

     Te presento a Julián -le decía un amigo. Y a los pocos días escuchaba aterrado: ¿Sabes que Julián ha muerto? No, ¿qué dices?, contestaba Ramiro horrorizado.

     Luego supo que a otras personas les pasaba lo mismo; que su presencia originaba la muerte o la desgracia cerca sin explicarse los motivos. Que había una especie de personas maléficas, nocivas, como las había altas, bajas, rubias, morenas, delgadas o gruesas, debido a su constitución, que no admitían modificación posible.

                                    Hasta mañana, el abuelo Paco.

    

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