Un padre feliz.

24 enero 2023

   Murcia, martes, las nueve y media. Hoy vendrá cargado el día de Noticias. Luego te las cuento. Por ahora “sin novedad en el Alcázar”.

   23 enero 2023

   Y te alcancé. Murcia, lunes, las diez en los relojes. Sin nubes pero con frío fuera de las casas. Gracias mil sean dadas al cielo por darnos un nuevo día; gracias mil por estar bien de salud, y gracias por tantas cosas buenas que tenemos.

   Este preámbulo se debe en parte a que vi la película de Ïndira Ghandi y decidí apuntarme al número de seguidores a la “No violencia” que fue su filosofía. Supone oponerse en cuerpo y alma a cuanto suponga convulsión o guerra.

   Hay que ver lo bueno de la vida cotidiana y rechazar el mal. Ghandi muestra en la adversidad un temple digno de ser imitado. Lo decía a sus seguidores: “Como Jesús: si te pegan en una mejilla, pon la otra; es difícil, pero es lo mejor”. Los equivocados son los que pegan. Si tú respondes con la misma moneda, ya sois dos los equivocados.

   A mí Ghandi me recuerda a Jesús. Es otra figura ejemplar. Cuando los ingleses dominaban la India y tenían a los hindús como esclavos o como simples objetos aparece Ghandi para rebelarse contra esta situación, pero sin violencia. “Si medran con la ropa que usamos más de trescientos millones de indios, vistamos con lo indispensable”.

   Luego enseña a obtener la sal que constituía otro negocio para el imperio británico. Ghandi y la no violencia se confunden, que no quiere decir cobardía o sumisión boba a los opresores. La no violencia de Ghandi, él mismo lo dice, es activa pero sin palos ni espadas. La violencia no consigue más que estrés y algún posible infarto.

   UN PADRE FELIZ

   ¿Te dije que estuve en Santa Catalina? Tocaba el órgano un joven con barba. Delante de mí había una niña de Primera Comunión con sus padres. Risueña, de blanco, feliz, saludaba constantemente a las amigas que había enfrente.

   Cuando terminó la Misa me acerqué a los padres de la niña y les dije: “Enhorabuena, su hija es preciosa”. “Gracias, gracias”, me dijeron. El padre se sentía el más feliz de los mortales. ¿Quién mejor que yo podía comprender lo que era querer a una hija si había pasado por la misma situación?

                                   El abuelo Paco.    

 

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