Ojos que no ven.

19 enero 2023

   Murcia, jueves, las nueve. Ola de frío en España; nieve en las carreteras: cuidadín, cuidadín. La infausta noticia de ayer en Murcia fue la muerte de DON JOSÉ LUIS MENDOZA, fundador de la UCAM, Universidad Católica. Hombre valiente y decidido para la Historia. Descanse en paz.

 

   18 enero 2023

   Murcia, miércoles, 10:28 o diez y media si quieres. El aire corre furioso por las calles sin dejar salir de sus casas a niños ni a mayores.

   Anoche estrenaba Programa la “Otero” en la Cadena Uno de Televisión Española. Habló o recordó cosas ocurrídas el año 1975, año en que murió Franco, hace casi cincuenta años. Y yo me quedé hasta las doce en que salió mamá preocupada por si me había dormido.

   Hablaba, entre otras cosas, de Uri Geler, aquel que doblaba las cucharillas de café frotándolas suavemente con sus dedos índice y pulgar, y arreglaba los relojes averiados con su mente.

   Como lo recordaba y me pareció oír que iba a revelar su secreto el mizmo Uri Geler al final del programa, quería verlo. Pero cuando dijo la presentadora que terminaba la Primera Parte y eran más de las doce, opté por irme a dormir.

   OJOS QUE NO VEN

   Cuando algo está por inventar, por nacer o venir al mundo, no pasa por cabeza humana que pueda existir tal cosa. ¡Cuántas máquinas habrá luego que hoy no conocemos! ¡Cuántos objetos habrá luego que no tenemos hoy! ¡Cuántas herramientas e ingenios nacerán en el futuro!

   Y luego pensarán los hombres que sin ellos no es posible vivir. Y a nosotros ni se nos ocurre que se necesitan. Irán apareciendo poco a poco o en cadena. Una necesidad nueva quizás propiciará el nuevo ser que se haga familiar e imprescindible para ellos.

   Y en todos los terrenos saltarán los inventos como granos de maíz en la sartén. Es curioso pensar que solo hace cien años el hombre viviera   sin la mayoría de las cosas que hoy son corrientes.

   Las mujeres pensarán que en la cocina siempre hubo fuego de butano, lavadora, jabón embotellado o qué sé yo, el noventa por cien de cosas que usa. Y resulta que sus madres no los tuvieron.

   ¿Cuándo se generalizó el uso del papel higiénico? ¿Cuándo el de la máquina de afeitar? No hablemos de la televisión, de los móviles o del ordenador. Y con todo, cuando no se conocían no se echaban en falta.

   Se vivía lo mimo: las mujeres fregaban suelos de rodillas, los colchones eran de borra o de lana y se dormía bien. Así que hoy pasará lo mismo. A la vuelta de cien años o menos, ¿quién sabe lo que usarán nuestros nietos o sus hijos que a nosotros ni se nos pasa por la cabeza?

   ¿Podríamos nosotros decir luego que la vida de hoy no existió o que fue sencillamente insufrible? No. Sabemos los que vivimos en ella que es deliciosa por más que los que vengan piensen lo contrario.

   Los jóvenes de hoy creen que la vida empezó con ellos, que antes fue el caos o la nada, y no se dan cuenta de que Cervantes escribió el Quijote sin luz eléctrica y viajó a Italia y otras naciones sin que existieran trenas ni aviones.

   Todo lo anterior me lo sugieren las obras que tengo enfrente. Los albañiles suben el material sin ningún esfuerzo, no como hace solo unos años que tenían que hacerlo oomo las hormigas, a lomo limpio, uno detrás de otro.

   ¿Cómo subirían las piedras a las catedrales en La Edad Media o a las pirámides de Egipto en la antigüedad? Seguro que a nadie se le ocurría que podía hacerse con grúas como hoy vemos que se hace. Y lo hacían con la misma precisión y puntualidad.

   Es maravilla ver como el hombre aprovecha en cada momento lo que tiene y disfruta así. ¿Que puede ser de otra manera? Como no lo conoce, para cada cual lo mejor es lo que tiene. Y aquí cabe el refrán que dice: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

   El reloj da doce campanadas. Vivamos intensamente las doce de hoy, miércoles, 18 de enero de 2023 con lo poco o mucho que tenemos para disfrutar y no pensemos que los del siglo que viene van a tener cosas que nosotros no tenemos.

   PENSAMIENTO:

   Para toda clase de males hay dos remedios: el tiempo y el silencio.

                               Hasta mañana, el abuelo Paco.     


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