Mi nieto Gabriel.
25 enero 2023
Murcia, miércoles, las once y veinte. Me preocupan los tanques que manda Alemania a Ucrania y ahí me quedo. Luego sabremos las consecuencias.
24 enero 2023
Y te pasé. Murcia, martes, 10:35 o diez y media pasadas en el reloj de enfrente. Escribo en el comedor. El frío fuera es intenso.
Oía en las Noticias de la Cope que el centro de la Tierra está cambiando el giro que llevaba, y eso puede cambiar el clima.
Yo me río de tales deducciones. “La Tierra es una bola muy gorda”, como decía aquel, difícil de conocer por dentro. Somos hormigas en el lomo de un elefante.
En primero de bachillerato, hace ya como ochenta años, estudiábamos en Ciencias Naturales, que la Tierra tenía 6.366 kilómetros de radio -son tres sonidos sordos, aprendimos para recordarlo- y que la formaban tres capas concéntricas que giraban unas sobre otras: NI-FE, SI-MA, SI-AL (níquel-hierro, sílice-magnesio, sílice-aluminio) eran los elementos predominantes en dichas capas.
La exterior se mueve visiblemente como puede apreciarse con África en el Golfo de Guinea, y América en Brasil, que se fueron separando con los años y hoy ocupa su espacio el Océano Atlántico.
Menos mal que un estudioso ha dicho que eso ocurre cada quince o veinte años desde hace más de mil; que no debemos preocuparnos. Y yo me pregunto: “¿Cómo puede saber el hombre los componentes de la esfera terrestre a más de seis mil kilómetros de la superficie?
¿No sería como aventurar una hormiga o una pulga por qué el paquidermo que le deja vivir en su epidermis, unas veces defeca así y otras asá? Yo me pierdo. A lo mejor, alguien me dice: “Es que somos de letras”. Y yo le digo: “Pero el sentido común es general para todos los humanos”.
CON MI NIETO GABRIEL:
Cambiemos de tema. Voy a hablar con Gabriel, alias Gatomu, el mayor de mis nietos: El tiempo no se detiene, es un tirano de tomo y lomo, de padre y muy Señor mío. Todos vamos embarcados en la misma nave. Por todos pasa el tiempo igual.
Sin embargo, no es lo mismo para el de veinte que para el de ochenta años. Ni parecido. A los veinte se hacen proyectos y miras adelante; a los ochenta, no haces proyectos y miras hacia atrás, porque delante hay poco que mirar.
-Cuando yo tenía tus años…
-No me cuentes batallitas, abuelo…
-Parece que fue ayer cuando cenaba con el tío Adolfo, la tía Emilia y sus hijos en Rillo, pueblo de Teruel, donde tuve mi primera Escuela. Cuando jugaba al ajedrez en el Cuartel con el Cabo de la Guardia Civil. Cuando enseñaba a Juanillo a sumar y a poner su nombre. Cuando, en fin, hacía la instrucción en Carraclaca, campamento murciano de Lorca… Y todo eso era cuando yo tenía tus años. Y han pasado tantas cosas.
Tu abuelo Paco.
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