Martín Descalzo.
21 enero 2023
Murcia, sábado, las diez, Potuit, decuit, ergo fecit el mundo. Un abrazo.
20 enero 2023
No te duermas, que te pillo. Murcia, viernes, las diez y media, en la galería.
DE VUELTAS CON DON MIGUEL:
Cervantes, antes de escribir su Quijote, pudo leer que alguien se vuelve loco leyendo Romances y quiere luchar con los caballeros que en tales Romances aparecen. Y luego, él hizo lo mismo, pero con libros de caballerías.
Cuando llevara cinco o seis Capítulos cayó en la cuenta de que había encontrado un filón riquísimo y continuó la historia imparable del hidalgo manchego. No es quitar mérito a la obra, pero todo tiene su origen en los abismos de la mente.
Cervantes no quería los libros de la andante caballería, como muchos de su tiempo, y la lectura del loco que lucha con personajes romancescos, le sugieren a él su protagonista que pierde igualmente el juicio y lucha contra gigantes de la medieval orden caballeresca.
No te enfades, don Miguel, no quiero quitarte el gran mérito que tuviste. En 1605, cuando publicaste el libro de don Quijote, tenías 57 años. Doce más y nos dejabas viendo que habías cumplido como escritor de primera.
Con “Las Sergas de Esplandián” te despides: “Adiós a todos, que ya me voy”. “Puesto ya el pie en el estribo…”. Cuatro días antes de morir firmabas la última obra sabiendo que dejabas una gran herencia a la posteridad.
EN ESTADO GRAVÍSIMO:
Al poco de venir a Murcia de Jumilla, comienzo de los ochenta del pasado siglo XX, mamá quiso reformar la casa. A tal fin, llamamos a pintores, albañiles, carpinteros… y la emprendimos.
Pusimos la casa en estado gravísimo: comedor, dormitorios, cocina… todo por en medio: camas llenas de libros, relojes descolgados, papeles por el suelo, un caos. ¿Podría volver cada cosa a su sitio?
Así la casa -¿podía llamarse casa así?-, salí por el periódico y lo leí en un banco del Malecón. Cuando llegué a casa de nuevo, vi que Pascual colocaba el piano en el rincón donde antes estaba la cama de Lina y que la cama estaba donde antes estaba el plano. Opté por subirme a la terraza con mi cuaderno y el bolígrafo.
Era la una del mediodía, lucía el sol y no hacía frío, era un lugar delicioso. Al fondo se divisaba una mole montañosa de este a oeste. Debía de ser el Puerto de la Cadena entre Murcia y Cartagena.
Entre la barrera montañosa y mi terraza había edificios altos, grúas, antenas… y a mi izquierda, al fondo, la Catedral. ¡Qué bien se estaba allí! Solo llegaban ruidos confusos de coches lejanos. Oí las campanas de la torre: era la hora de abandonar el trabajo mis obreros.
MARTÍN DESCALZO:
A Martín Descalzo, cura y escritor, lo encontré fatigado en una entrevista que le hicieron en televisión. ¿Estarían preparadas las preguntas para la posteridad? ¿Serían estas cómo un retrato por si fallecía?
Estas entrevistas, estando enfermo, deben de ser como llevarle la Extremaunción y pedirle que se confiese. Por la noche estas personas no dormirán del susto: “Me llaman, ergo me muero”.
Fatigoso vi a Descalzo. Y viejo. Es triste encontrar así a personas que poco antes estaban fuertes y briosas. Martín Descalzo había escrito poesías, había estrenado obras de teatro, publicado libros y colaborado en revistas y periódicos.
Y luego de entregarse a los demás -como cura y escritor-, va y se muere. Porque don Martin, si Dios no hacía un milagro, difunto habemos. El sol, tímidamente, se asomaba por entre unas nubes.
CARONTE:
Caronte es el barquero del Infierno. Para entrar en el reino de los muertos, las almas -o sombras- deben atravesar el Aqueronte montadas en su barca, Dicen que Caronte se muestra muy inflexible con los que no pueden pagar su viaje.
El abuelo Paco.
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