La casa de los Rodríguez.

28 enero 2023

    Murcia, sábado, las nueve y sin cambios familiares. Recibamos al sábado con alegría. ¿Sabías que en China hay unas montañas de colores con formas extrañas? Son arenas de colores que cubren las montañas formando un curioso arcoíris. Por un capricho de la naturaleza, diferentes materiales y minerales se unieron para pintar un bello lienzo. Un fuerte abrazo y hasta el lunes del abuelo Paco.

 

    27 enero 2023

   Murcia, viernes, las diez y media, en el comedor junto a la galería. Ya mandé mi Soflama a los hijos y amigos. Les recuerdo un día invernal, infernal, un domingo de Romería, que invitamos a Teófilo y Antoñita, amigos de Murcia, a ir a Jumilla con nosotros. Hacía mucho frío, como ahora, pero lo pasamos bien. La historia se repite.

   Hoy se me ocurre un Cuento. Se podía llamar “La casa de los Rodríguez”, por ejemplo.

   La casa de los Rodríguez amaneció luminosa, cuajada de bombillas encendidas, como la ciudad de Vigo en Navidad. La luz les producía felicidad a sus moradores. ¡Qué rostros de alegría había siempre en la casa de los Rodríguez cuando se levantaban!

   Un día quisieron compartir su felicidad con un amigo que vivía solo y estaba triste. “¡Qué mejor que compartir nuestra dicha con otra persona!”, se dijeron. Dicho y hecho. Un nuevo miembro vino a formar parte de la familia Rodríguez desde entonces.

   Pero este nuevo individuo tenía una manía, que era apagar luces. Y con las luces apagadas, la casa perdía alegría. Los demás procuraban encenderlas, pero los rincones oscuros iban ganando terreno. El nuevo inquilino ensombrecía la casa, la llenaba de tinieblas. Y sin la luz   se marchaba la alegría, aparecían los malos modos, la tensión y el malestar en la familia.

   A veces se lograba: todas las bombillas encendidas de nuevo. Se recordaban otros tiempos parecidos. Pero pronto, con la obsesión de apagar luces, renacían las trifulcas. En ocasiones, se llegaba a tal extremo que los nervios afloraban peligrosamente en todos los miembros de la familia.

   Cuando se vio que la manía de apagar luces era incorregible, por no decir incurable, dijeron al invitado que volviera a su casa y la familia Rodríguez volvió a disfrutar de nuevo, como antes, de luz y placer.

  

   Otra versión del mismo Cuento podía ser esta:

   Érase una persona que vivía con muchas bombillas encendidas en su casa. Y con sus luces encendidas era feliz. Mas pronto descubrió que había personas que solo con su presencia las apagaba. Fue un gran descubrimiento para él.

   Unas personas no influían en sus bombillas pero otras le restaban luz. Cuando lo hubo descubierto, se fijó en las personas que las apagaban y, consecuentemente, lo ponían triste y afligido. Las fue conociendo, observando, una por una. Invariablemente, por contagio, las mismas personas le quitaban la luz y la paz.

   Para evitarlas se puso en guardia y hasta probó sus estrategias para que no le cogieran desprevenido. Vigilaba con disimulo. Lo conseguía unas veces, pero otras, al menor descuido, veía su persona ensombrecida o depresiva.

   El paso definitivo fue un nuevo descubrimiento. Como alejado de estas personas era de natural alegre, pletórico de luz, tan pronto como una de estas personas se acercaba, huía como del mismo demonio, evitaba su proximidad y más su contacto.

   No les decía que se fueran ni que producían en él tales efectos, no. Solo que se apartaba de ellas con disimulo y delicadeza. Pensaba que estas personas actuaban así sin querer, sin saberlo siquiera, sin proponérselo.

   Que eran como polos opuestos de un mismo imán, y que no estaba en ellas actuar de otro modo. Las rechazaba en silencio, como quien se aparta de un olor fétido. Y de esta forma empezó una etapa nueva en su vida con optimismo y alegría.

                                      El abuelo Paco.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El voto.