Usted, ¿que alega?

17 novbre 2022: Santa Isabel de Hungría  

 

   Gracias, Señor, por no dármelo todo, sino solo lo que necesito.

 

   A mi nieto MIGUEL ÁNGEL TOMÁS PÉREZ-HIDALGO:

   ¿Sabías que desde hace unos días somos OCHO MIL MILLONES DE HABITANTES EN LA TIERRA?

 

   Cuando yo era como tú, hace ochenta años, decía mi libro: “Población mundial: Dos mil doscientos millones de

habitantes”.  

   Como eres el más listo de tu Clase, yo te pregunto ahora: “Si el crecimiento sigue en la misma proporción, ¿cuántos habitantes habrá en el planeta cuando tú seas como yo, dentro de otros ochenta años?

 

   Nihil novum… Sin novedad en el Alcázar.

 

 

   16 novbre 2022

 

   Murcia, miércoles, 9:30 en mi cuentapasos; toca el tercero en la torre para la Misa de nueve y media. Mamá en el comedor; los demás en lo suyo.

 

   -¿Y qué es lo suyo, si se puede saber?

 

   -En su trabajo, hombre, que no es poco en los tiempos que corren, que hoy, con la inflación que padecemos, tener trabajo es “salir para España”, que decíamos antes.

 

   -¿Salir para España?

 

   -Hace unos años, España era más grande y tenía posesiones más allá de los mares. Cuando hacían el Sorteo para ir los mozos al Servicio Militar, unos se quedaban en la península y otros, menos afortunados, tenían que salir fuera de España.

 

   El abuelo Amós tuvo que ir a Melilla y pasar tres años allí. Otros, antes de perderse la isla de Cuba, en 1898, cruzaban “el charco” que llamaban al Océano Atlántico. Por eso, salir para España en el sorteo no era poca suerte.

 

   -Comprendido, y tú ¿dónde hiciste el Servicio Militar?

 

   -Creo que te lo dije: Hubo unos años con Franco que, por falta de recursos o por sobra de soldados, algunos se libraban de hacer “la mili”. A esos pocos que se libraban los llamaban “Excedentes de Cupo”. Yo fui uno de ellos.

 

   Por sorteo, los que pasaban de una letra su apellido se libraban de hacer el Servicio Militar. Y a mí me tocó. Fue en el año 1953. Salió el apellido TOVAR, y como mi apellido Tomás estaba entre Tobar con b y Tovar con v, el abuelo llamó para informarse.

 

   Cuando le dijeron que era Tovar con v de Valencia supimos que yo me libraba. Era como tocarte la lotería.

 

   -Con todo, fuiste a Lorca.

 

   -Sí, al Campamento de Carraclaca, que de librarte de la instrucción no se libraba nadie. Eran tres meses que había que vestir el uniforme. Los que no eran excedentes de cupo tenían que seguir en el Cuartel un año más.

 

   A mí y a otro que teníamos el Curso de Instructor Elemental del Frente de Juventudes, que pedían para ser Maestro, nos hicieron Sargentos a todos los efectos para enseñar la instrucción a los demás soldados.

 

   El tío Santiago fue a Valencia; el tío José María a Palma de Mallorca; el tío Amós se libró por la pierna. No “por piernas” que quiere decir “salir corriendo”. Se libró porque alegó que no podía andar bien por una operación que sufrió de la que le quedaba una cicatriz enorme.

 

   Alegar era un verbo muy empleado en aquel tiempo: “¿Qué alega usted para librarse del Servicio?”. El que podía alegaba cualquier cosa para no hacer el Servicio Militar.

 

   Mi hermano Santiago se casó con Carmen, la hija de Benito “el de las quintas” que llamaban. En realidad, era empleado del Ayuntamiento que se ocupaba del trabajo de las quintas.

 

   Todos los años le llenaban de pollos y conejos la casa aquellos que tenían hijos para hacer la mili. “Benito, tome este pollo que hemos criado para usted, por si pudiera librar a mi hijo Sebastián de hacer el Servicio”.

 

   -“Benito, mi hijo nos cuida a los padres, que ya somos viejos, tome este jamón por si se quedara en España”.

   -“Ya veremos lo que se puede hacer; Carmen, entra el pollo al corral y el jamón a la despensa”.

 

   Por librarse de la mili hacían diabluras algunos. Dos hermanos gemelos se pegaron un tiro en el dedo índice de la mano derecha que, como era el dedo que apretaba el gatillo de la escopeta, era motivo de librarse.

 

   -“¿Usted que alega?”. ”Que me falta un dedo de la mano”. ”¿Qué dedo es?”. ”El de disparar”. ”Libre del Servicio”.

Otros lo intentaban: “¿Y usted que alega?”. ”Que estoy más sordo que una tapia”.

 

   -”¿No me oye a mí?”. ”No le oigo nada”. Y el que examinaba tiraba al suelo una moneda que tenía preparada. Si veía que el presunto sordo miraba a ver si la moneda era suya lo daba por bueno.

 

   Se cuenta que un joven alegó que no veía ni tres en un burro: “Estoy ciego”. Y el que resolvía le dijo a un auxiliar: “Sígale y vea si es cierto que no ve”. El joven se fue a un cine y el que lo seguía se puso detrás, y cuando mejor estaba mirando la pantalla le toca en el hombro y le dijo: ”¿conque no ve, eh? y se viene al cine”. El mozo sorprendido contesta: ”¿No es esto el metro?”.

 

                          El abuelo Paco.

 

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