Uranio empobrecido.

26 novbre 2022

 

   Murcia, sábado, las nueve. Seguimos en Murcia, nos vamos a la fiesta de Miguel con medio siglo a la espalda. Mañana volvemos al partido, que promete, y que Dios reparta suerte                

 

  

   25 novbre 2022

 

   Murcia, viernes, menos cuarto las doce, en la habitación del piano. Día señalado para hacer un viaje a Santana. Celebraremos el sábado los cincuenta años de Miguel toda la familia con pocas excepciones. Es el cuarto hijo que salta la barrera del medio siglo, con un jamón ibérico y una comida familiar en “El PARAISO”.

 

   No es el caso de los inmigrantes que vienen a España por Melilla en busca de trabajo, ni del uranio empobrecido, Ernesto.

 

   No es bastante con las bombas rusas en Ucrania o los inmigrantes que mueren por venir a España, que ahora me vienes con uranios. ¿Qué es eso del uranio empobrecido, que tanto se nombraba en tiempo de las vacas locas?

 

   Que iban muriendo primero uno; luego, dos; después más. Que si en Francia, que si en España, en Estados Unidos… ¿Qué es esto?, se decían asustados los que veían morir cerca a sus paisanos.

 

   Los casos de leucemia y otros tipos de cáncer, se repetían entre los que habían ido a la guerra en Kósovo.

 

   ¿Estamos condenados a morir de locura, sea de vacas locas, de radiactividad, de accidente de tráfico o de guerras? ¿No podemos volver a la sencillez, a lo natural, al sosiego?

 

   La vida se ha dislocado; el hombre se ha vuelto loco por su ambición, cuando todo fuera tan fácil, lo complicamos; cuando todo fuera sencillo, lo adulteramos con el riesgo de perecer.

 

   ¿Pondremos freno de una vez a la locura que nos ciega? ¿Sabremos los humanos decir “¡basta!” a tiempo? Es algo tan serio que en ello nos va el futuro.

 

   Las luces de Navidad se han encendido en Vigo. No solo en Vigo de Pontevedra, sino en Murcia, en Madrid, en Sevilla y en miles de sitios del norte, del sur, del este y del oeste de España. Fiesta para pensar.

 

   Los niños, ajenos a las vacas locas, a uranios y a guerras, miran embobados las luces navideñas y el mensaje de un Niño que viene a traer la paz al mundo y no le dejamos.

 

   Si los mayores supiéramos convertirnos en niños, el mundo cambiaría.

                                       El abuelo Paco.

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