Los manzanos.
2 noviembre 2022
Murcia, miércoles, ocho y media. Sin novedad en el alcázar. Día de los que se fueron. ¡Qué prisa, con lo bien que se está aquí!
30 octubre 2022
Murcia, domingo, las cinco menos diez en mi reloj, con la hora nueva. Digo esto porque desde anoche, cada reloj marca una hora: unos la correcta y otros una hora más.
MAMÁ:
Hace unos años, mamá no paraba: que si la casa, que si los nietos, que si el taller, que si Santana, con animales y plantas… Si estábamos en Jumilla, pensaba en Murcia; si estábamos en Murcia, pensaba en Santana. Yo le decía: “Recorta actividades, no es bueno que te agobies”.
“Poco a poco, Paco Peco, poco a poco”, me decía don Joaquín Vicente en la farmacia cuando sustituí un verano a mi hermano Amós, que lo operaban de una pierna. “Poco a poco, Paco, Peco”.
Yo a mamá le decía lo mismo para tranquilizarla. Pero creo que era, si me apuras, contraproducente: ella era feliz así y podía con todo.
MI TÍO MANUEL:
Mi tío Manuel, hermano de mi madre, se fue a vivir con la familia a Barcelona, a Santa Coloma de Gramanet. Y por no alejarse del todo de su patria chica, compró un terreno cerca de la estación para hacerse una casa y poder volver de vez en cuando, que tanto tira la tierra de uno.
Como no le dejaron construir porque el terreno que había comprado, con cien manzanos y viña, no era edificable por Ley, desistió el pobre de hacerse una casa en la huerta. Y me vendió a mí el terreno.
¡Cuántos problemas me dio la compra de esta pequeña finca!: Un año me quitaron las manzanas; otro me compraron la cosecha y luego no acudieron por ella y, por ende, no me la pagaron; otro, en fin, la cogí antes de tiempo y llevé las manzanas a un almacén que compraba fruta. El que la recogía, conocido de la familia, dijo: “Más que manzanas parecen cebollas”. No sé si por pagarlas “low cost” o a bajo precio o para advertirme que a otro año la dejara más tiempo en el árbol.
Pero dijo algo que me hizo pensar: “Zapatero a tus zapatos”. Yo no era agricultor, yo era Maestro. Si quería manzanas, lo mío era ir al mercado y comprarlas como el pan o la carne. ¿Por qué quería acapararlo todo? Aprendí que hay que repartir actividades y no llevar diez cuando otros no tienen ninguna.
Así, pues, mamá -pensé- no quieras tú, como aquel don Gil de la fábula, coger diez pájaros a la vez y que se vayan todos. “Paco Peco, poco a poco”, que decía don Joaquín. Y más a nuestra edad, cuando el cuerpo pide descanso.
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