Leonor y Senén.

30 novbre 2022: San Andrés.

 

   Murcia, miércoles, las nueve, sin novedad en la casa.

 

  

   29 novbre 2022

 

   Murcia, martes, 11:45 o doce menos cuarto, lo que más te guste. Mamá oye su Misa en la tele. En Jumilla sube a Santa Ana. Antes iba a la Residencia de Ancianos, cuando decía Misa don Blas.

 

   UNA HISTORIA:

 

   En la Misa de todos los días, Leonor y Senén estaban solos con sus recuerdos de juventud, más felices que los presentes. Leonor tuvo su amor y su boda y hasta una hija en el matrimonio. Ahora que murieron aquel hombre y aquel fruto de sus entrañas, se acoge a los cuidados de unas monjas que dirigen la Residencia de Ancianos en Jumilla.

 

   Senén es soltero. También está solo. Murieron sus padres y los hermanos que tuvo se fueron a vivir lejos de la tierra que los vio nacer.

 

   Senén, que tuvo sus ilusiones de formar una familia, dejó pasar el tiempo y perdió el tren. Conoció a una mujer, y cuando le iba a volcar sus sentimientos, la vio con otro hombre.

 

   Más tarde salió algún tiempo con Narcisa, mujer casi vecina de siempre, delicada y trabajadora. La madre de Senén le habló muy bien de ella y veía con buenos ojos que su hijo saliera con Narcisa.

 

   Todo parecía que iba por el mejor camino pero el Señor, que todo lo dispone, no lo quiso así. En cuatro días se la llevó, dijeron que de cáncer. Y Senén ya no volvió a fijarse en más mujeres.

 

   Trabajador, callado, en unos años se vio solo y con edad para pensar en un descanso merecido de sus últimos años de vida. Le hablaron de la Residencia y un día, no sabía cómo, fue a hablar con una Hermana.

 

   Le contó su vida, y le preguntó si podía quedarse, que tenía algunos medios para pagar la estancia y hasta una casa y unos bancales para dejar después. El Señor seguro que se reía arriba viendo la escena.

 

   Senén fue acogido en la Residencia con otros ancianos. Ancianos y Ancianas. Ellos aquí y ellas allí. Todos con su historia a cuestas. Unas habitaciones blancas, limpias, acogedoras, individuales, y un comedor común.

 

   Un patio enorme, florido y cuidado formaba parte de la casa con una fuente en el centro.  Y la Capilla, adonde iban al levantarse a oír la Misa que oficiaba don Blas. ¡Cómo conocía este sacerdote a sus ovejas!

 

   Les hablaba por sus nombres y hasta se permitía en la celebración litúrgica alguna broma inocente con alguno.

 

   Pronto Senén miró con buenos ojos a Leonor, que en la Misa de todos los días ocupaba siempre el primer banco. Con el rabillo del ojo la miraba embobado moviendo los labios en oración constante.

 

   Y creyó encontrar a la mujer que, fuera, había buscado tantos años. “¡Qué buena debe ser!”, se decía para sí. Y la miraba con arrobo pensando si sería tiempo de terminar una historia que nunca había concluido.

 

   La Misa se convirtió en el sueño y ¿por qué no decirlo? en la ilusión de Senén, que contaba las horas para seguir mirando a Leonor en la Capilla.

 

   CONTINUARÁ         Un abrazo del abuelo Paco.   

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