En mi apriscadero.

7 novbre 2022

 

   Murcia, lunes, las nueve, y cansado de la paliza de ayer. Mejor, de las gratas nuevas que vivimos ayer: Comimos con mis nietas Ana Isabel, Laura, Lina y con sus padres, y luego se juntaron los demás a saludar al internacional Ángel. Una bendición.

      

   5 novbre 2022

 

   Murcia, las once, en la esquina de la casa. Víspera de grandes eventos, como la vuelta de Ángel y el santo de mi nieta Isabel. Luego te cuento, que a esta hora lo que te dijera podría cambiar como futurible.

 

   Vuelvo a empezar: Murcia, las once, en mi apriscadero.

 

   -¿Qué has dicho? Nunca te oí decir palabrotas.

 

   -Apriscadero no es ninguna palabrota; es un sinónimo de aprisco.

 

   -¿Y a qué llamas aprisco de la casa?

 

   -Tú sabes que aprisco es el lugar donde se recoge el ganado para resguardarse de la intemperie.

 

   -Aquí, si no hay ganado, no puede haber aprisco.

 

   -Pero hay semejanza, que el lenguaje da mucho juego: yo llamo aprisco a la habitación donde escribo.

 

   RILLO:

 

   En Rillo, donde pasé dos años de Maestro, la casa no tenía baño, aseo o excusado donde hacer tus necesidades. Si la urgencia del vientre era a medianoche, como si era de día, había que salir a la calle, cruzar una carretera y entrar en un aprisco lleno de ovejas.

 

   -Menos mal que no eran toros.

 

   -Si los animales pensaban que era hora de salir al monte  unos despertaban a los otros y empezaban a balar. ¡No quieras saber la que se armaba! Yo tuve que salir alguna vez como había entrado por el estruendo que se formaba. Las ovejas dirían luego: “¡Falsa alarma, a dormir de nuevo!”, y se aquietarían otra vez.

 

   -¿Y no tenían retrete las casas en aquel pueblo?

 

   -Tenían parideras, que es donde parían las ovejas, donde guardaban los pastores el ganado por la noche. Eran los años cincuenta y cuatro y cincuenta y cinco del siglo pasado.

 

   -¡Cómo ha cambiado todo a partir de esa fecha!

 

   -Empezó a gestarse la vida que tenemos hoy, que las cosas no aparecen de la noche a la mañana como los hongos, por generación espontánea.

 

   Todo tiene un comienzo, un proceso y un fin. Lo que vemos como nuevo tuvo su vida embrionaria y su crecimiento hasta aflorar en el mundo. No surgió de la nada y de golpe. Fue como un parto: nace un niño, pero antes ocurren otras cosas. Que se lo digan a las mujeres, que de eso saben mucho. Cuando sienten que algo se manifiesta en su barriga, saben que a los pocos meses va a nacer su hijo.

 

   En aquellos años que yo estuve en Rillo y que hice mi Servicio Militar, la vida bullía como la primavera tras el invierno. Era algo nuevo, insólito, que no se había dado antes. Miles de años durmiendo para, de pronto, emerger súbitamente, despertar de un sueño profundo.

 

   -¡Qué cambios! Y todo para recibir al año dos mil.

 

   -Vale, vale, que te veo venir, Humberto: se inventaron cosas nuevas y punto. Es que los hombres pensarían más y mejor en esa época.

 

   -No fueron los hombres, Saturio, fueron las cosas que tenían que venir al mundo y llegó la hora de que vinieran.

 

   Un abrazo del abuelo Paco y felicidades a mi nieta Isabel por el santo.

 

     

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