El fontanero.

 7 octubre 2022

                                               

     Murcia, viernes, las nueve, FELICIDADES RAQUEL, Y QUE LLEGUES A LOS CIEN TE DESEA TU ABUELO, QUE ESTÁ A PUNTO DE ALCANZARLOS. ¡VALIENTE!

 

   6 octubre 2022

   Murcia, jueves, 11:11, con el piano en silencio, dormido en un rincón. Sabe que yo no lo voy a tocar.

 

   EL FONTANERO:

 

   -El fontanero vendrá a reparar la lavadora –dije a mamá cuando dejó de funcionar este verano y hablé con él.

   -Lo habrás llamado antes –dijo mi vecino, que estaba de visita.

 

   -¡Hombre!, no iba a venir sin llamarlo. Antes le dije: “¿Puede pasar por mi casa??. La lavadora ha dejado de funcionar”. Y le dije el domicilio. Y vino como un doctor en Medicina.

 

   -Buenos días, soy el fontanero, ¿dónde está el enfermo?

 

   Lo pasamos a la cocina. La lavadora permanecía al fondo como asustada. El fontanero la observó, la miró despacio, como el médico al enfermo, le pasó la mano con suavidad -¿sería para tomar el pulso?- y al final, exclamó: “¡Ya sé lo que le pasa!”.

   

   Nos miramos admirados de su ciencia los presentes

 

   -¿Qué tiene? –dijo mi hija por los demás.

 

   -Esta visita cuesta treinta euros –dijo el fontanero sin responder a la pregunta de mi hija-, repararla costaría ciento cincuenta”.

 

   Le volvimos a llamar a que volviera a terminar con la faena.

 

   -¿Y cómo saber tú si lo que cobra es el precio justo a su trabajo?

 

   -Tienes que confiar en su honradez. ¿Tú cómo vas a conocer la lavadora por dentro como un Técnico? No funciona y lo llamas. Él sabe lo que tiene que hacer para que funcione de nuevo.

 

   Igual con el televisor: “Ha perdido la imagen” y llamas al Técnico de televisores. ¿Tú sabes volver la imagen del televisor?

 

   O como el motor del coche: “No quiere arrancar”. Y el mecánico lo arranca. Hay que pensar en la honradez de los obreros.

 

   Vino el fontanero. Puso la lavadora en la mesa de operaciones –quirófano- y a su lado la caja de herramientas con destornilladores, tornillos, tuercas y demás utensilios de trabajo.

 

   -“Supera usted a los médicos -le dije-; el médico cura a un enfermo, pero usted resucita a un muerto”. Se sonrió. No sé si le hizo gracia mi cumplido.

   Sin arrugarse el traje de trabajo y con el reloj de pulsera puesto, hizo la operación. Al final, la lavadora quedó nueva otra vez. ¡Cómo admiro a los trabajadores que conocen bien su oficio!

 

            Un abrazo del abuelo Paco.

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