De magos.
1 octubre 2022: San Benito
Murcia, sábado, las diez, cielo azul y otoñal más que veraniego. Las estaciones se precipitan por San Francisco. Los calores del verano son ya un recuerdo para olvidar.
Ayer, Orenes me tuvo con la boca abierta media hora; hoy está cerrada, pero con dolores de parto. El único que comprende este galimatías es Pascual, que me acompañaba, y sabe de lo que hablo. Pero es cosa de tiempo.
Por lo demás, nihil novum…
30 septbre 2022
Murcia, viernes, once y media, cielo azul total. De siempre me ha gustado la magia de los Magos: sacar de la chistera palomas, conejos, pañuelos o vaya usted a saber.
Una noche en televisión estuvo de invitado un Mago. Confesó que desde niño hacía juegos malabares y quería ser como el maestro Tamariz. Luego hizo pruebas que nos deslumbraron a todos, tanto a niños como a mayores.
-¿Qué pruebas hizo?
-Convertía un billete de cinco euros en otro de diez. Arrugaba el papel, lo estiraba, y ya era otro. Luego, con el asombro general, el billete de diez euros lo transformaba en otro de cincuenta.
-Lo llevaría en la mano.
-Algo tendría que hacer, pero nadie le cogía el truco. ¡Cuántos que lo estábamos viendo nos preguntaríamos cómo lo hacía!, porque este Mago podía ser la solución a la crisis que padecemos.
Suponte que convierte los billetes de cincuenta euros en billetes de quinientos euros. Ya estaría el Presidente del Gobierno llamándole para darle trabajo hasta que se jubilara.
-Te ofrecemos un buen sueldo –le diría la Ministra Salgado- por trabajar para nosotros. Y el Mago contestaría: “¿Para qué quiero yo un sueldo si tengo más dinero que todos los Bancos juntos?”.
-Por favor -suplicaría el Presidente- ponte a hacer billetes de los grandes sin parar, que estamos arruinados. ¿No te das cuenta de lo que puedes hacer por España?
-Lo haré por una vez y sin que sirva de precedente, pero solo los que fabrique en una hora –dijo el Mago.
-Lo que tú digas, querido Mago, pero saca pronto billetes de la manga.
Y el Mago ocupó la sala más grande de la Moncloa y pidió que nadie lo molestara; y justo a la hora, abrieran la puerta.
El Presidente y la Ministra se quedaron fuera, nerviosos, mirando el reloj para abrir a los sesenta minutos como habían acordado.
-No hace ruido alguno, Presidente –dijo la Ministra-. Ya tendrá media sala llena de billetes. Vamos a ser ricos.
-No lo estorbemos, Ministra –dijo el Presidente.
-¿Y si no le abriéramos? –sugirió bajo la Salgado-. Con dos horas más daba para pagar la deuda que tenemos.
-Hasta que no nos llame él, que siga fabricando billetes –dijo el Presidente sonriendo.
Y se cuenta que el Presidente y la Ministra murieron en la puerta del salón, el Mago murió sin poder salir, y los billetes se los comieron los ratones.
El abuelo Paco.
DE OTRO MAGO:
Te habré contado que una vez entré al Teatro Vico de Jumilla a ver a un Mago parecido. Había colgado del techo una caja enorme.
Cuando el Mago empezó con sus pruebas, nadie pensaba en la caja que pendía del techo. El Mago en su momento pidió a los asistentes relojes, pulseras, sortijas o gafas que llevaran encima.
Los metió en un vaso grande de cristal y el vaso con los objetos lo introdujo en una media o calcetín. A renglón seguido, empezó a dar golpes en el suelo como loco con el vaso de cristal hecho añicos dentro del calcetín.
-Oiga mi reloj, mis gafas, por favor, no siga! –suplicaban asustados los dueños de estos enseres. Y cuando se cansó el Mago y todos pensaban que allí no quedaba nada sano, mandó bajar la caja grande del techo.
Una caja, otra dentro, otra más pequeña y otra. Y al final una caja pequeñita de donde sacó el vaso con las prendas que le habían dejado, y que fue devolviendo a sus asombrados dueños.
Abrazos del abuelo Paco.
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