Visiedo.

  29 septbre 2022: Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. FELICIDADES A LOS MIGUELES Y GABRIELES DE LA FAMILIA.

   En casa bien, gracias. Nos acostamos a las doce con Tamaras, Fabiolas y Balduinos. Luego te cuento lo de hoy. Ayer escribí:

 

 

   28 septbre 2022

 

   Murcia, miércoles, 11:40 o doce menos veinte, con el piano detrás de mí y un cielo fuera más azul que una Virgen de Murillo.

  

   Vengo del Bajo, y mamá sigue con la Misa de once en la cadena trece. Normalidad en casa: ese sería el Parte si tuviera que darlo.

 

   VISIEDO:

 

   Mi amigo Francisco Soler Visiedo me manda un escrito suyo que, por lo visto, no le han publicado los periódicos. Y es que no se conforma con no verlo publicado en “la Opinión” ni en “la Verdad” y nos lo envía a los amigos con la esperanza de que lo leamos.

 

   No quiero decir con esto que mi amigo Paco escriba mal, no; pero hay cosas que ni en Democracia se pueden decir. “Eres muy duro”, le digo a veces, y él se ríe. Su mujer me mira y exclama: “Algún día lo van a encerrar por decir lo que dice del Gobierno”.

  

   En la hoja de hoy escribe “La Tajollesa” en un francés “apanochao”, donde anima a los huertanos murcianos a ir con legones a la Moncloa a exigir las aguas del Tajo que le niegan los manchegos.

  

   Tajollesa es un término que se ha inventado mi amigo para sustituir a la Marsellesa. Un neologismo atrevido y valiente. ¡Cómo lo habrá celebrado cuando lo haya visto nacer! La Tajollesa: “Allons regants de la Murcie…”.

  

   ¿Cómo le van a publicar su arenga los diarios? Él piensa que no lo quieren, que están confabulados contra él, pero no es eso. Los periódicos no deben animar a la guerra, al conflicto, al enfrentamiento.

  

   No es que escriba mal Visiedo, que lo hace muy bien, y hasta en verso, o en latín, si se lo propone, que es un hombre culto y hasta a veces nos deslumbra: “Scripto in uno lugare murciano pro cuius aqua…”, dice hoy.

  

   No es que escriba mal, que sabe decir lo que dice en Francés o en latín, pero hay cosas que los periódicos no quieren publicar.

  

   Un día, leyendo yo un libro, leí una cita suya, con su nombre. Se trataba del “Diccionario de Atentados contra el idioma español”, de Juan Aroca. Se lo dije y no se creía que un Diccionario lo nombrara. Debí de darle una de esas grandes alegrías que se reciben en la vida.

 

   Corrió a comprar el libro, y no me extrañaría que, nervioso, lo enseñara a cuantos amigos fueran a su casa: “Mira donde vengo, en un Diccionario de la Lengua”.

                                      El abuelo Paco.

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