Los hijos.

  27 septbre 2022

 

   Murcia, martes, “sur ma montre, il est huit heures vingt”; perdón, son las ocho y veinte en mi reloj. La noche ha sido más tranquila que la anterior. Pero a todo hay quien gane: en Javalí Viejo murió un hombre la pasada noche con las aguas del ciclón. Mañana más.

 

  

   26 septbre 2022

 

   Murcia, lunes, las doce y diez en mi reloj, entre nubes y azules el cielo, que deja trabajar a los mortales que trabajan.

   En casa, “Sin novedad en el Alcázar”, que decía Moscardó en Toledo a Franco cuando “los otros” querían tomar la plaza.

  

   ¿SABÍAS QUE…:

 

   Si haces mal, el mismo mal que haces se vuelve contra ti? En el mal que haces está tu castigo.

 

   REGODEOS:

 

   Ayer, domingo, los del tiempo pronosticaron lluvias, y estaban las terrazas de los bares más desiertas que el sur de Mauritania.

   -Yo creo que “t´has pasao”, Prudencio.

   -Aún es poco para lo que se merecen, Tiburcio.

   -Bueno, levántales el castigo, que muchos no se merecen nada. Creo que se te va “la olla”, Prudencio. Voy a hablar con el Jefe Supremo para que te examinen. Es que hasta te regodeas con el mal que haces.

   -Quiero contenerme y no puedo, es verdad, Tiburcio.

   -Pues tienes que poder. Te van a examinar y, si es preciso, que te releven, porque menudo año que llevas, ni las profecías de Nostradamus.

   -Por favor, no se lo digas a nadie, que voy a cambiar, te lo prometo.

   -Si no lo haces ya, pero ya mismo, trataremos tu manía persecutoria en Asamblea. Debes comprender, Prudencio, que las bajas pasiones no son de aquí, que deben quedarse abajo.

   -¡Te lo prometo!

 

   LOS HIJOS:

 

   Para una madre, la muerte de un hijo va contra natura. Digo contra natura porque no es natural que los hijos mueran antes que sus progenitores.

   Lo normal es que demos vida y que la vida que damos siga a la nuestra. Enterrar a un abuelo es normal; enterrar a un padre es normal; enterrar a un hijo no es normal.

 

    CIRUGÍAS:

 

   Cuando nos vemos después de años, observamos en los rostros los estragos del tiempo. No lo decimos pero lo vemos. “¡Qué bien te encuentro!”, dicen algunos. Mentira piadosa. Cuando no se aprecia el cambio, sobran explicaciones.

   Pienso que los años no se cumplen así como así. Hasta creo que esconderlos es peor el remedio que la enfermedad: vemos figurines que dan risa, cuando sin afeites ni retoques irían mejor.

   Es el miedo a ser viejo. Hoy se valora tanto la juventud que perderla es uno de los peores males que sufren algunas personas.

         Hasta mañana, un abrazo del abuelo Paco. 

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